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POEMAS SAGRADOS
RITUALES DE AMOR
        Amor invisible sin palabras, eres callada como una rosa azul celeste.

Celeste es tu nombre celeste es tu vida  y seguirá siendo tu vida.

Mi vida entre las rosas.

Karla Córdoba

 

 

MISIÓN DEL POETA

   Sólo vInimos a llenar un oficio en la tierra, oh amigos:

tenemos que abandonar también los bellos cantos,

tenemos que abandonar también las flores. ¡Ay!

 

   Por esto estoy triste en tu canto, oh tú por quien se vive:

tenemos qeu abandonar los bellos cantos,

tenemos que abandonar también las flores.

 

   Brotan las flores, medran, germinan, abren sus corolas:

de tu interior brota el canto florido que tú, poeta,

haces llover y difundes sobre otros.

Netzahualcóyotl

 

 

VIDA EFÍMERA

   Sólo vinimos a dormir, sólo vinimos a soñar:

no es verdad, no es verdad que vinimos a vivir en la tierra.

 

   En yerba de primavera vinimos a convertirnos:

llegan a reverdecer, llegan a abrir sus corolas nuestros corazones,

es una flor nuestro cuerpo: da algunas flores y se seca.

Netzahualcóyotl

LA POESÍA

Yo no lo se de cierto,

Yo no lo se de cierto, pero supongo

que una mujer y un hombre

algún día se quieren,

se van quedando solos poco a poco,

algo en su corazón les dice que están solos,

solos sobre la tierra se penetran,

se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como

se hace la luz dentro del ojo.

El amor une cuerpos.

En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;

piensan entonces que lo saben todo.

Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).

Jaime Sabines

 

Me dueles

Me dueles.
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio de mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro,
tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.

¡Qué claridad tu rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hilo de tus ojos, como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.

Jaime Sabines

 

Los amorosos

Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón le dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos

viven al día, no pueden hacer más, no saben.

Siempre se están yendo,

siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

El amor es la prórroga perpetua,

siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables,

los que siempre -qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan

también como serpientes para asfixiarlos.

Los amorosos no pueden dormir

porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana

y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,

sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,

a tatuar el humo, a no irse.

Juegan el largo, triste juego del amor. Nadie ha de resignarse.

Dicen que nadie ha de resignarse.

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

la muerte les fermenta detrás de los ojos,

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,

a mujer que duermen con la mano en el sexo, complacidas,

a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios

una canción no aprendida.

y se van llorando, llorando

la hermosa vida.

Jaime Sabines

 

Tía Chofi

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,

pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.

Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta

con tus setenta años de virgen definitiva,

tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.

Hiciste bien en morirte, tía Chofi,

porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,

porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,

ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba

que querías morirte y te aguantabas.

Hiciste bien!

Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,

porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,

y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,

pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.

Te siento tan desamparada,

tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,

sin quien te de un pan!

Me aflige pensar que estás bajo la tierra

tan fría de Berriozábal,

sola, sola, terriblemente sola,

como para morirse llorando.

Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,

que más vale callar,

pero qué quieres que haga si me conmueves más que el presentimiento de tu

muerte?

Ah, jorobada tía Chofi,

me gustaría que cantaras

o que contaras el cuento de tus enamorados.

Los campesinos que te enterraron sólo tenían

tragos y cigarros,

y yo no tengo más.

Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,

y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.

Nunca ha sido tan real eso en lo que creíste.

Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida

a todos. Pedías para dar, desvalida.

Y no tenías el gesto agrio de las solteronas

porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.

En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida

te repetías incansablemente

Y eras la misma cosa siempre.

Fácil, como las flores del campo

con que las vecinas regaron tu ataúd,

nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.

Sofía, virgen, antigua, consagrada,

debieron enterrarte de blanco

en tus nupcias definitivas.

Tú que no conociste caricia de hombre

y que dejaste llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,

tú, casta, limpia, sellada,

debiste llevar azahares tu último día.

Exijo que los ángeles te tomen

y te conduzcan a la morada de los limpios.

Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,

que la muerte recoja tu cabeza blandamente

y que cierre tus ojos con cuidados de madre

Mientras entona cantos interminables.

Vas a ser olvidada de todos

como los lirios del campo,

como las estrellas solitarias;

pero en las mañanas, en la respiración del buey,

en el temblor de las plantas,

en la mansedumbre de los arroyos,

en la nostalgia de las ciudades,

serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,

con una cruz pequeña sobre tu tierra,

estás bien allí, bajo los pájaros del monte,

y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

Jaime Sabines

 

LA POESÍA

Para escribir poemas,

para ser un poeta de vida apasaionada y romántica

cuyos libros están en las manos de todos

y de quien hacen libros y publican retratos los periódicos,

es necesario decir las cosas que leo,

esas del corazón, de la mujer y del paisaje,

del amor fracasado y de la vida dolorosa,

en versos perfectamente medidos,

sin asonancias en el mismo verso,

con metáforas nuevas y brillantes.

 

La música del verso embriaga

y si uno sabe referir rotundamente su inspiración

arrancará las lágrimas del auditorio,

le comunicará sus emociones recónditas

y será coronada en certámenes y concursos.

 

Yo puedo hacer versos perfectos,

medirlos y evitar sus asonancias,

poemas que conmuevan a quien los lea

y que les haga exclamar: "¡Qué niño tan inteligente!"

 

Yo les diré entonces

que los he escrito desde que tenía once años:

No he decirle nunca

que no he hecho  sino darles la clase que he aprendido

de todos los poetas.

 

Tendré una habilidad de histrión

para hacerles creer que me conmueve lo que a ellos.

 

Pero en mi lecho, solo, dulcemente,

sin recuerdos, sin voz,

siento que la poesía no ha salido de mí.

Salvador Novo

 

AMOR

Amar es este tímido silencio

cerca de ti, sin aque lo sepas,

y recordar tu voz cuando te marchar

y sentir el calor de tu saludo.

 

Amar es aguardarte

como si fueras parte del ocaso,

ni antes ni después, para que estemos solos

entre los juegos y los cuentos

sobre la tierra seca.

 

Amar es percibir, cuando te ausentas,

tu perfume en el aire que respiro,

y contemplar la estrdella en que te alejas

cuando cierro la puerta de la noche.

Salvador Novo

 

Yo soy un hombre al que le dio el destino

un corazón sencillo y claro;

juega el azar conmigo al aro

y voy rodando por cualquier camino.

 

Yo soy el marinero del asfalto

y el alpinista de las azoteas;

juego con sol y luna allá en lo alto

y muy dentro de mí con dos ideas.

 

Mi numen y mi signo, la veleta:

obedece las órdenes del viento,

en su girar sin fin se queda quieta

y es a un tiempo fijeza y movimiento.

OCTAVIO PAZ

 

 

LA BELLEZA

Bella soy, ¡oh mortales!, como una pétrea flor,

y mi seno que a todos por turno ha torturado,

fue hecho para inspirar al poeta un amor

tal como mi materia, inmortal y callado.

 

   Tengo un trono en lo azul, esfinge incomprendida;

mi blancor es de cisne, mi corazón es frío;

desdeño el movimiento que altera mi medida,

y como nunca lloro, tampoco nunca río.

 

   El poeta, a quien deslumbra mi impasible actitud,

semejante a la de los grandes monumentos,

se aplicará al estudio con austera virtud;

 

   pues para fascinar mis amantes sedientos,

puros espejos tengo que hacen las cosas bellas:

mis grandes ojos y las eternas estrellas.

Charles Baudelaire.

 

 

 

LOS PASOS

Tus pasos, por el silencio creados

avanzan santa, lentamente,

hacia el lecho de mi impaciente

vigilar. Fríos callados.

 

Queridos, adorados pasos mudos

que sin oír, mis ansias adivinan.

¡Qué regalos celestes se encaminan

hacia mi lecho, en unos pies desnudos!

 

Si para mi sueño obseso

tu boca haces avanzar,

yo preparo el paladar

al alimento de un beso.

 

No lo apresures, ten calma,

dulzura de ser no siendo,

que de esperar voy viviendo

y son tus pasos mi alma.

Paul Valéry

 

 

EL AZAR

Cae

              la pluma

                               rítmica suspensa de lo siniestro

                                                                                        a sepultarse

                                                                             en las espumas oiriginales

donde no hace mucho saltó su delirio hasta una cima

                                                                                 marchitada

                                    por la neutralidad idéntica del abismo

Stéphane Mallarmé  

 

 

EL LABERINTO
Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolador.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera..

J:L: Borges (Calro, J de José y B de Borgues).


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