Folklore y Guelaguetza en la ciudad de México
. . . HISTORIADOR
Tú que viajas al pasado y descubres sueños y poetas.
Nocturno
A lo lejos, a la distancia del ocaso, en pleno Istmo mexicano, Oaxaca (Huaxyacac, lugar del guaje), se erige plena de nostalgia por su herencia prehispánica. La tierra oaxaqueña se transforma en Guelaguetza, pasado, presente y devenir: obsequio. . . intercambio recíproco de tradiciones, de apoyo mutuo entre individuos y entre pueblos que buscan un lenguaje de amistad a través de colores, de la música, de la danza y de toda la riqueza cultural: puente inextingible de luz y penumbra, jamás obscuridad.
La Guelaguetza es la fiesta tradicional por excelencia del estado de Oaxaca. Se celebra en los dos lunes siguientes al 16 de julio al pie del Cerro del Fortín, escenario formidable que muestra de manera esplendorosa la legendaria y ancestral costumbre de los zapotecas en la que se percibe el misticismo, reflejado en sus danzas, en sus trajes regionales, en sus artesanías y productos típicos. La fiesta se proclama como un suceso de suma relevancia en la que puede participar todo el pueblo, sin importar el status social.
Antecedentes
Entre los antiguos zapotecas el vocablo Guelaguetza designaba ofrecimiento u ofertorio. Posteriormente la palabra se utilizó para denominar los sistemas tradicionales de ayuda mutua, establecido en las comunidades indígenas para la siembra y la cosecha, así como ayuda para los matrimonios jóvenes y a los parientes enfermos.
Hace más de tres mil años aproximadamente, los indígenas que habitaban lo que hoy es Oaxaca, encontraron nuevas formas alimenticias; ya no dependían sólo de la caza, la pesca y la recolección, lograron establecer el cultivo de diversas plantas (se hicieron sedentarios), destacándose el maíz como base de su dieta. Al darse cuenta de la necesidad de las lluvias para sus cultivos, los diferentes grupos indígenas tributaron a Centeotl y a Xilonen, deidades aztecas del Maíz, y a los demás dioses involucrados. La reverencia, quizás, consistía en la celebración viva de danzas, música, representaciones y ofrenda de productos.
Al parecer, la ofrenda se realizaba a la mitad de la estación lluviosa (julio), cuando era vital que las lluvias continuaran de forma adecuada (?en dosis precisas y controladas?), para sacar adelante las cosechas.
La llegada de los españoles en 1521, tendría como resultado la imposición idiomática y religiosa; no obstante, el dominio español no pudo erradicar las costumbres profundamente arraigadas de los indígenas, las cuales eran consideradas como creencias paganas.
La inevitable fusión de creencias, además del empeño de los españoles por imponer los ritos católicos, hizo posible la creación de una tercera vía: la tradición indígena se conjugaba con la española, dando como resultado diversos actos que, en la mayoría de ocasiones, se convirtieron en ritos más festivos y agradables.
Relativo a la Guelaguetza, los españoles procuraron establecerla el 16 de julio, en coincidencia con la fiesta de la Virgen del Carmen. En este caso, la festividad se transformó en un acto de cortesía para recibir a personajes trascendentes. La cultura española también introdujo cambios en estilos de vida, ofrendas, danzas, música y en la indumentaria. En el último caso, los vestidos indígenas eran de algodón; en la actualidad se puede encontrar lino, lana, paño e inclusive seda, y cuentas de vidrio, como adorno; sin embargo, la esencia del colorido y del ritmo indígena, relacionado con cantos, danzas, imágenes y reciprocidad no han desaparecido.
Espejismo Artístico: Siete Regiones
La Guelaguetza es un viaje mágico que inicia su interminable andar. La intensa serranía de Juárez, verde y silenciosa atestigua como la música, la poesía y la danza se funden en un beso perenne que ve al hombre hecho de tiempo y agua, y descubrirlo desnudo y capaz de imaginarse vestido de flores y de plumas, blancas o de matices; de diamantes y rubíes, diáfanos o encendidos; de luna nocturna o luna de coral, volando entre metáforas y diatribas contra el fastidio, haciendo del ritmo un espejismo de pasos cadenciosos.
Es aquí, donde el mar distante ha mandado su arte melódico, junto al Cerro del Fortín, sede permanente de las siete regiones que se hacen partícipes en esta fiesta de folklore y cordialidad incesante: La Guelaguetza de los Lunes del Cerro se manifiesta en el ofrecimiento a la ciudad de Oaxaca que hacen los distintos grupos indígenas de la entidad. El encanto del mundo indígena denota la participación y la reciprocidad a través de cánticos, bailes al ritmo de la música, enriquecidos por delicados y coloridos vestuarios, originarios de cada rincón del entorno oaxaqueño, señuelo inevitable de todo turista que se precie de identificarse por la belleza de los escenarios naturales y arquitectónicos, así como de esa sensación de rodearse de espíritus que viven con orgullo su identidad cultural.
Al finalizar, los distintos grupos, además de su representación artística obsequian distintos objetos representativos de sus respectivos pueblos.
Siete Regiones:
1. La Sierra, zona de riqueza incalculable. La música a menudo es sorpresiva por la fusión cultural imperante: imitación delicada, basada en las orquestas y arreglos de origen austriaco que se pusieron de moda durante la invasión francesa del siglo XIX;
2. La Mixteca, Tlaxiaco, Huajuapan, Chicahuaxtlos y Copa, lugares de serena cercanía a la Sierra Madre del Sur:
3. La Cañada, vivacidad artesanal de Teotitlán de Flores Magón y Huautla de Jiménez;
4. La Costa, admirada por sus extensos literales y cordial ritmo de sus habitantes;
5. El Istmo, línea angosta de placer por su tradición poética y rítmicos sones originarios de Tehuantepec y Juchitán. El atuendo típico de la tehuana y su estilo morisco derivó de cierta indumentaria encontrada en un baúl abandonado por piratas hace varios cientos de años en las playas;
6. El Valle, mirada furtiva del Son Chenteño y Danza de la Pluma, danza zapoteca por excelencia que viaja por el tiempo y se remonta a los instantes en que se honraba a la deidad de la Flor y el Canto, pasos de alegría inusitada y movimientos corpóreos y de matices de brillo espectacular, entrelazados de elegante dignidad;
7. Vertiente Atlántica, conocida por la gran producción de piña, así como los asombrosos valles del centro geográfico: Tuxtepec, Ojitlán, Valle Nacional, Loma Bonita y Usila.
Regiones de variados sones como jarabes y danzas de innumerables tradiciones, sin olvidar las delicias culinarias, capaces de satisfacer los gustos más diversificados; todo en conjunción de esta festividad que une sabor, color, ritmo y poesía, recuerdos memorables que perduran y se enriquecen instante a instante, baile a baile.
La ciudad de Oaxaca celebró en 1932 el aniversario número 400 de su designación como ciudad real por Carlos V. A partir de este año, las fiestas del los Lunes del Cerro las podemos considerar como la Guelaguetza en su etapa moderna, con representación de las siete regiones de Oaxaca. Precisamente en este año, la celebración rompería las fronteras de la entidad para transformarse en un evento de grandes dimensiones. Inclusive, en 1974 se construyó un anfiteatro con capacidad para albergar a más de 11 000 asistentes.
En la actualidad, la Guelaguetza es organizada y promovida por la SEDETUR (organismo estatal de Turismo). Su realización persiste en los dos lunes siguientes al día 16 de julio, siempre que no coincida con el día 18 del mismo mes, fecha en que se conmemora el deceso del apostol de la Reforma, Benito Juárez.
El evento principal es el concurso para elegir a la persona que represente a la mítica diosa Centeotl. Se realiza el domingo previo al primer Lunes del Cerro. En este evento, a diferencia de los tradicionales concursos, la belleza es un elemento accesorio; lo principal es el conocimiento cultural de la respectiva región del estado (cada región envía su propuesta).
El mismo día (domingo), por la noche, se efectúa el Bani Stui Gulal, representación de la historia de los Lunes del Cerro en las distintas épocas; y al día siguiente, en horario nocturno, la presentación de la Leyenda de Donaji, última princesa zapoteca, en la que prevalecen los juegos pirotécnicos, los sonidos interminables, el ambiente festivo y el drama que busca vivificar la historia de este personaje.
La Guelaguetza fluye en la ciudad de México.
La obscuridad del crepúsculo yace ahí, entre el cansancio, la satisfacción y la nostalgia de los instantes vividos, momentos en que los aplausos y la admiración fueron la respuesta. Sólo la ligera brisa y la luna, su eterna amante, hacen olvidar brevemente el éxtasis, brevedad intensa y hedonismo, provocado por movimientos sinuosos, ágiles, delicados, delirantes y precisos de rostros morenos, en armonía profunda con las notas musicales que viajaron incansables y se apoderaron de los sentidos citadinos.
Estamos en pleno 1999 y la ES1-44 ?Rosario Gutiérrez E., de Tulyehualco, Xochimilco, se ha vestido de gala para recibir a los integrantes de la Guelaguetza, quienes, plenos de historia y tradición, ejecutaron bellos bailables de las Siete Regiones y lucieron sus majestuosos y coloridos vestidos; además, fieles a la costumbre ancestral, obsequiaron diversos artículos artesanales a la concurrencia.
Séptima ocasión de luces, movimientos y encanto pletórico de arte en la ciudad de México. Siete años recibiendo el folklore proveniente del sudeste mexicano. Continuación de una tradición de intercambio cultural México-Oaxaca, específicamente de la región de Ocotlán y la zona sur del Distrito Federal (Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac).
El primer intercambio cultural Oaxaca-Distrito Federal, se llevó a cabo en 1991, gracias al impulso de la Profra. Guadalupe Vázquez y de la Jefa del Sector V de Primarias Profra. Alma Bolaños, quienes fueron enlace con los profesores de la Escuela Secundaria Industrial No. 131 de San Miguel Suchixtepec, Oaxaca, Gabriel Díaz Ramírez y Jorge Solórzano Cruz, director del grupo artístico y director del plantel, respectivamente. Las presentaciones fueron en la primaria Río Pánuco, Primero de Mayo y la Gral. Lázaro Cárdenas del Río, así como en la ES1-27, Alfredo E,. Uruchurtu.
A partir de ese año, los intercambios culturales serían cotidianos.
El segundo intercambio fue en 1992, teniendo como sede la ES1-205V, Alejandro Graham Bell. En 1994, se renueva el intercambio. El encargado del grupo artístico, Profr. Gabriel Díaz se cambió de centro de trabajo, motivo por el que se perdió el contacto en 1993. Desde este año los intercambios serían continuos, año con año. Tercer Intecambio Cultural: el grupo visitante tuvo como sede el mismo plantel de su segunda visita (ES1-205V). El Cuarto Intercambio Cultural fue al siguiente año, y tuvo como referencia la ES1-118M, República Popular China. El Quinto Intercambio Cultural. En esta ocasión, el Profr. Gabriel Díaz presentó un nuevo grupo, proveniente de Santa Lucía Ocotlán. El Sexto Intercambio tuvo de sede al pueblo de San Lorenzo Tezonco, realizando presentaciones en Iztapalapa, Xochimilco y en Milpa Alta.
El último Intercambio Cultural Oaxaca-D.F., tuvo como sede la ES1-9, Teutli, en Milpa Alta. Las presentaciones de la Guelaguetza fueron en Milpa alta, Xochimilco, Tláhuac y la Gustavo A. Madero.
Se ha cumplido la primera fase del Intercambio Cultural. El grupo visitante se compone de 60 integrantes, quienes, en esta ocasión, fueron acompañados por la Banda Filarmónica Nuevo Amanecer de Santa Catarina Huixtla.
La Guelaguetza presentó 14 danzas de las Siete Regiones, una exposición gastronómica y artesanal, con productos regionales: palma tejida, alebrijes, barro negro, mezcal, dulces típicos, nieves, mole negro, etcétera.
El Intercambio Cultural se ha convertido, por su trascendencia, en práctica necesaria; sobre todo, para revalorizar nuestra identidad nacional, la que en diversos momentos de nuestra historia parece diluirse en otras manifestaciones culturales; no obstante, la participación de la Guelaguetza en la capital del país es muestra de la vigencia de nuestra identidad cultural.
Para esta tarea se reunieron maestros originarios de Oaxaca, residentes en la ciudad de México, a través de la Comisión de Identidad Nacional, auxiliada por la Comisión de Difusión Cultural, así como por la de Eventos Especiales, ya con la participación de profesores y directores del D.F. El coordinador es el Profr. Félix de León Canseco. Estas comisiones tienen la labor de ser el enlace con los distintos planteles educativos y con las autoridades correspondientes para que el Intercambio Cultural se haya convertido en éxito, año con año.
La labor de estas comisiones es evidente, y no sólo son el enlace entre el grupo artístico de Oaxaca y la ciudad de México, sino se han convertido en un puente de cultura que ha permitido a los estudiantes, a los maestros y a los padres de familia, tanto de Oaxaca como de la capital del país a tener lazos de identidad entre los mexicanos.
Esta muestra de labor por la cultura es ejemplo de las posibilidades de identificación entre los mexicanos, haciendo votos porque las entidades y regiones de nuestro país puedan realizar este tipo de intercambios, y hacer de México un universo potencial para el próximo milenio.
MA. ANTONIA HERNÁNDEZ TIJERINA-TN