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ENSAYO

Los niños y la guerra, un viaje por Nativitas (Fragmento)

Carlos Córdoba

 

De pronto las luces inundaron los rostros infantiles. El color de sus mejillas, tierra recién nacida, se iluminaba con trazos de colores provenientes del cielo: obra grande de sabios, alquimistas del conocimiento, quienes pasaron días y meses; tal vez años, anotando, desnudando palabras, datos, números infinitos, binarios o simplemente fórmulas exactas para ser inmortales y producir flores y señales multicolor a esos ojos niños que no entendían cómo esa belleza les partía el alma en pedazos verdaderos.

    Esa fiesta, no la de los santos patronos del sur de la ciudad de México, se ha convertido para los niños iraquíes en el acontecer cotidiano. Despiertan, si es que duermen, con las voces desesperadas de madres y ancianos que padecen la tiranía de sus gobernantes y la crueldad de sus invasores, quienes sin el menor recato, utilizan la maquinaria de guerra y muerte traducida en armas sofisticadas, secretas e inteligentes, exactas como la brillantez de George W. Bush y Homero Simpson.

   Cómo explicarles a nuestros hijos e hijas, lo que como adultos no entendemos. Decirles, posiblemente, que los pequeños de Estados Unidos aprenden en las escuelas, en la calle y gracias a los medios de comunicación de este país, que esta guerra tiene un solo fin: ?libertad? para Irak. Después, la vida ?normal? para ellos, televisión entretenida, juguetes explosivos, donas, comida rápida, rica en esteroides mentales y demás sutilezas.

    No obstante, a nuestros niños, podremos narrarles que la guerra sólo posee un elemento final: la muerte, y que no existen las luces bellas, las flores en el aire, la libertad cuando otro niño, lejano de nuestros ríos, lagos, veredas y canales, muere bajo los efectos de los misiles Tomahawk, bañados con uranio empobrecido para perpetuar la muerte.

     Posterior a las luces, los cuerpos frágiles y sin alcanzar la adolescencia, flotan y flotarán en las aguas imaginarias de los ríos Tigres y Eufrates, testigos silenciosos de las Mil y una noches, que ahora arrastran consigo el dolor de un pueblo que jamás solicitó la ayuda de las fuerzas de invasión.

     No pidieron morir para ser libres, sobre todo cuando naciones vecinas como Arabia Saudita, Kuwait y otros países árabes son gobernados por tiranos sanguinarios, siendo las mujeres las más vulnerables. La diferencia, que estos gobernantes atienden las solicitudes petroleras de Washington de la mejor manera.

     Esto último, quizás, podría servirnos para decirles a nuestros niños que es una guerra por el petróleo, oro negro que permanece como la fuerza energética principal en el mundo, y no la intención de liberar al pueblo de Irak de Saddam Hussein. Y que esta guerra de supuesta liberación es la de matar por la ambición desmedida de unos gobiernos como el estadounidense, británico y español que no escucha la voz de sus gobernados.

     El resultado, escandaloso: La llamada Guerra del Golfo de 1991, decidida por las fuerzas políticas y económicas de los Estados Unidos, estando como presidente del país vecino del norte, George Bush, padre del actual mandatario, dejó una herencia trágica, según estadísticas de la UNICEF (Fondo para las Infancia de las Naciones Unidas, por sus siglas en inglés): uno de cada ocho niños no llega a los cinco años. Según esta fuente la actual guerra traería consecuencias irreparables y dramáticas, ya que de cada tres niños, uno no llegaría ni a los dos años de edad.

     Hoy es el petróleo de Irak, mañana serán nuestras riquezas naturales y humanas. Nuestros niños y niñas, deben saber que en estos momentos la injusticia se derrama en Medio Oriente, y que esta ola de prepotencia y soberbia de los Estados Unidos y sus satélites también nos observan. La guerra jamás será parte de la libertad humana.

     . . . En tanto, la infancia bella de Xochimilco, con todo y las deficiencias que existen en nuestro país, se pasea sobre la nostalgia de una trajinera de nombre Guadalupe. A lo lejos, las luces brillantes de nuestras fiestas: los niños todavía juegan.

 

 

 

El Independiente

Fecha de nacimiento: Hace unos doce años.

Alumbramiento: Martes tres de junio de 2003.

Peso: Completo.

Nacionalidad: Mexicana con tintes universales.

 

Comentarios: Los de un lector pequeño . . .

 

Carlos Córdoba.

Los medios de comunicación masivos en nuestro país se han transformado en los últimos años, de manera precisa a partir de los movimientos telúricos de 1985, debido al gris desempeño gubernamental para enfrentar el caos y que obtuvo por respuesta el posible nacimiento de lo que hoy llamamos Sociedad Civil. Estos resultados se reflejaron en las urnas tres años después. Historias más, relatos o historias menos, pero el cambio estaba pronunciado.

   Estos sucesos, los cuales no son aislados ni el germen total, pero sí el parteaguas de un país más participativo políticamente.

   Los medios, muchos de ellos, supieron leer el devenir de estos acontecimientos y fomentaron este embellecimiento demócratico nacional. Sin embargo, el quehacer periodístico sigue creciendo y prueba de ello es la aparición de esta nueva propuesta intitulada El Independiente, nombre atrevido que tendrá una lucha constante para incursionar y fortalecer la vida periodística en el país.

   Los nombres y hombres y mujeres que forman parte de este atrevimiento editorial simbolizan parte del posible éxito.

   Esperamos con alegría el éxito de esta aventura y que se transforme en una puerta alternativa donde se escuchen las voces de la realidad mexicana y no la voz unidimensional.

 

 

 

 

Visión pragmática y entorno educativo, relación docente-discípulo

 

Carlos Córdoba

 

 

Lo que voy a decir aquí no es difícil ni polémico; el único mérito

que quisiera reivindicar para mi exposición es que es verdadera [. . .] al menos en parte.

J. L. Austin

 

 

Preliminar

El aire, espacio transparente y predilecto para escribir, anotar sobre la nube blanquecina, roja o de colores y matices; brisa tenue, breve idea, sin tormentos, reflejo y espejo que en este momento, sin tratar de convencer, sólo navegar y vagar entre el cielo, un río imaginario y la tierra, lugar de fantasmas, donde yacen Aristóteles, San Agustín, Montaigne, Sor Juana, Baudelaire, Hegel, Marx, Novo, Sabines o Marcos, el Sub, quienes, algún día han volado en las delicadas fronteras de la eternidad . . . navegaron a plenitud.

El ensayo como tal, tuvo su origen con Michel de Montaigne, quien expuso rebeldía a los conceptos de su tiempo (siglo XVI), escribiendo sin el rigor acostumbrado. Fue un revolucionario de la palabra. Sus textos dieron a luz en Francia, titulándolos Ensayos. Otro personaje que tuvo la misma peculiaridad fue el inglés Francis Bacon, quien a su vez, también nombró a sus escritos de la misma manera.

            La palabra ensayo, según Juan José Arreola, proviene de la voz latina gustus (literalmente proviene de la voz latina exagium, que significa exacto)[1], entendido como prueba visible. A pesar de lo anterior, Montaigne pudo entender que el concepto era una ?valoración de prueba y aprendizaje.?[2]

            Escribir, bajo la visión de Roland Barthes, quien encuentra al acto de habla placentero, imagen de ironía, secretos y voces: recuerdos y vida. Por el momento y en símil parecer, al escribir o pretender hacerlo, no quiero, ni lo deseo, como lo he enunciado, dejar constancia fúnebre con el presente texto. Sólo es un ejercicio ensayístico de vuelo y aterrizaje forzoso. En él (el texto), intentaré crear una aproximación o un puente ficcional entre la pragmática, interpretación basada en Gérard Gennette, Mijaíl Bajtín, y otros, los que serán especificados más adelante, y la relación establecida, en lo general, del docente-alumno, un balcón educativo. Lo último, referencia impositiva del profesor, quien asume la responsabilidad de decidir el pensamiento del alumno, convertido por el sistema educativo nacional en un rehén estoico que suele imponer cierto desorden en clase o la escuela, sean bromas, juegos o sencillamente no obedecer. No obstante la supuesta crueldad del alumno, éste paga un precio excesivamente oneroso, pierde la capacidad de elección y la de construir en la diversidad, sólo reproduce la esfera patriarcal de la educación actual en nuestro país. El alumno compila ideas, circunstancias y necedades; difícilmente logra establecer una relación de mutua libertad e impulso a los actos reflexivos. Mima (imita), y deja de construir los castillos de arena fantásticos de la playa de los sueños.

            El presente ensayo, como se ha indicado, tiene la pretensión de exponer ideas propias y sueltas. Alfonso Reyes, personaje de regio antecedente, quien no supo hacer más que tres cosas importantes: leer, escribir y  reflexionar, nombró al ensayo como Centauro de los géneros?; es decir, un híbrido o un puente que une el conocimiento especializado y la apreciación lírica y/o cotidiana, donde las letras están por momentos en la claridad erudita y, a la vez, en la penumbra de las voces diarias de los no especializados.

            El ensayo, constelación de conceptos y anticonceptos; poesía y prosa; mujer y hombre; amor y desamor; orgasmo y fidelidad: ?tentativa, sondeo, avanzada, una cala, un tiento, un templar, pesar, probar reconocer, examinar. Y sería asimismo una ventana o un puente con un cimiento y una raíz espiritual: la duda.[3] Es, en este caso, una noción controvertida de doctrina, dialogismo, verdad, ideología interpretación o falacia. La finalidad del ensayo no es totalizar, homogenizar, uniformizar o simple y llanamente adueñarse del mundo como suelen hacer los docentes de educación básica, principalmente. Este ensayo en sí, por esta ocasión, es un atrevimiento para ensayar o jugar con el conocimiento, bajo el riesgo de resbalarse y demostrar los límites precisos y los alcances mínimos de quien decide mojar el tintero. Ensayar es un posible rompimiento de formas, métodos y, de manera salvaje, ensangrentar las fronteras del relato y del conocimiento. Ensayar, qué bueno, es un viaje esplendoroso hacia el saber, es enseñanza, aprendizaje y reflexión. A pesar de todo, ensayar es peligroso y, a la vez, exige cierta responsabilidad textual, sutil, pero no deja de ser mágico y placentero. Escribir ensayo se traduce en cierta libertad estilística, mas no excesos voluntariosos. La libertad no es el orden de caminar de forma literal sobre el cielo, sólo metafóricamente. Al respecto, Montaigne optó por la creatividad literaria para expresar lo siguiente:

 

A cierta persona que hablaba de manera violenta y en voz muy alta, un maestro le pidió que bajara el tono. ?Que me haga saber, reexpuso el amonestado, el diapasón en que quiere que me exprese?. Entonces el maestro replicó: ?Que adopte el tono del oído que le escucha...?. Ello porque, aquí enumeró Montaigne, ?la palabra pertenece por igual a quien habla y a quien escucha?.[4]

 

Visión pragmática

Romper el silencio o las formas bidimensionales: sintaxis y semántica es excesivamente riesgoso. Por el momento, intentaré seguir los pasos libres, pues el ensayo es una odisea plena de libertad, por lo que, a manera de cinismo ensayístico, romperé ?divagación?con la propia libertad del ensayo, y también, porqué no, fortalecer la idea que existe sobre él.

            El presente trabajo o discurso educativo, a partir de este instante se dividirá en tres apartados, puntos o niveles. El primero de ellos, el que podría ser último, tratará lo relativo a la pragmática; la segunda línea, un acercamiento a la educación, especificando la relación establecida comúnmente entre alumno-profesor, y, por último, un ejercicio pragmático-educativo.

            Por lo pronto enciendo las velas poéticas y observo a la Luna (con mayúscula), amorosa mujer del conocimiento y a la palabra, trémula y triste; tormentosa, delicada, nocturna y tierna, expresión fémina de voces y cantos de emancipación: ?Palabra, voz exacta/ y sin embargo equívoca;/ oscura y luminosa...?[5]

Han pasado ya más de 60 años (1938), en que C. Morris, en el marco de una exposición de teoría general de la significación, expuso por vez primera el término pragmática como ?[. . .] la ciencia de los signos en relación con sus intérpretes?, situación que puso a la pragmática junto a los niveles sintáctico y semántico.[6]

            El nivel sintáctico se refiere a las relaciones entre los signos, excluyendo a los usuarios de la lengua y a los significados emitidos. El significado es estudiado por la semántica; en tanto, el nivel pragmático tiene como base a los interlocutores ?usuarios de la lengua--, y su contexto.[7]

            La pragmática exhibe un acto de habla, el cual entenderemos como un breve, extenso; profundo y sintético expresar, que versa sobre las relaciones entre la lengua y sus usuarios, teniendo como marco el espectro semántico-sintáctico-pragmático.[8]

            Leer, escribir . . . ?producir un enunciado es emprender algún tipo de interacción social.?[9]

 

            Para enunciar (acto de habla), se realizan tres tipos de actos:

a)      Acto locutivo. Extensión en forma (sintaxis), una expresión que puede representar un significado.

b)      Acto ilocutivo. Este tipo de acto de habla, es cuando el sujeto de la enunciación (emisor), modifica las relaciones interpersonales.

c)       Acto perlocutivo. En este caso, el acto de habla provoca una reacción positiva o negativa que tiende a traducirse en cambio en el receptor del mensaje.

 

Para no cansar al lector, y porque este trabajo no permite el espacio adecuado, y además por ser verdaderamente una aproximación o un juego de palabras, entiendo que la pragmática es un conjunto de estudios sobre las reglas establecidas en los actos de habla ya especificados, que incluyen mensajes o enunciados con una finalidad e intencionalidad específica, en un contexto donde el sujeto de la enunciación se manifiesta en un espacio comunicativo. En sí, el estudio pragmático intenta descubrir la intención, el significado y la finalidad de los actos de habla, sean esporádicos o intencionales.[10]

Para Gérard Gennette, el discurso (acto de habla), carecería de importancia si presenta ausencia de intencionalidad o destino final[11]; es decir, un mensaje sin la obviedad de obtener respuesta ilocutiva o perlocutiva tendría poco valor, lo que hace necesario que el nivel discursivo se presente en un espacio del tiempo y en un lugar determinado, con destinatario preciso. Esto es, gracias a la aplicación intencionada, el discurso mismo contiene ¿debería?, una historia: el qué contar. Además, de que a alguien le interese, directa o indirectamente.

Tal vez, sigo sin asegurar, Morris, van Dijk, Habermas y/o Gennette, entre otros, coincidieron de que el estudio pragmático supone un paso más en el sendero lingüístico orientado hacia una realidad del lenguaje en la comunicación socio-verbal.[12]

Para concluir, quizás un síntoma intensionalizado por terminar lo inacabable, Todorov y Drucot exponen que la semántica y la sintaxis estudian el centro de la lengua, significado y forma, respectivamente, y lo deben realizar bajo el espectro pragmático; esto es, un odisea contextual. Acaso un significado aislado y sin referentes (nivel semántico), o un signo sin valor, inexistente (sintáctica), estarían en busca del tiempo perdido y del espacio, sin remedio, en una agonía hipócrita y dadaísta.[13]

 

Letras educativas

Encendidas las velas de la Luna, descubro, encuentro que en ocasiones el todo se transforma --cosmovisión mecánica-- cíclicas formas y sus partes unidas que permanecen a través de una relación pervertida de intereses ocultos; pero, dado el contexto socio-económico, esta perversión carece o se aleja de la sensibilidad lunar, nocturna... creativa. Esta relación mecánica no es otra que la integración de gobierno-familia-individuo (docente-discípulo). Se encuentran y olvidan al mismo tiempo de su propia existencia. Se reproducen, y con mimética presunción se erigen como Estado.

            Todo, absolutamente, se da con una premisa: La realización específica de las funciones del Estado que permitan la validez y coexistencia como tales.

            El sujeto, llámese padre, madre, hijo, hermano o gobernante, proponen el trabajo colectivo; le problema radica en que el trabajo es colectivo, los resultados o beneficios no lo son; bueno, en parte. Los beneficios reales para los pocos, los sobrantes y justificables para los otros, el breve segmento de la mayoría. Estos seres carecen (carecemos, posiblemente), de verdadera personalidad. El todo debe imponerse a la parte. La rebeldía única y  obligadamente es un sueño contracultural.[14]

Sólo aceptan, así debe ser, según el texto donde se enuncia a Antón Makarenko (pág. 131, El pensamiento pedagógico socialista en  programa y Antología del Seminario de Pedagogía General), quien afirma que ?el verdadero proceso educativo se hace por el mismo colectivo y no por el individuo que se llama educador?.

Las células del Estado deberían laborar y ser optimizadas. La escuela actual parece ser elemento clave para reproducir seres standard.

Lo expuesto anteriormente no busca hacer un pronunciamiento sobre la supuesta superioridad del individuo, sólo incursiono en la necesidad de rescatar al individuo como tal y ubicarlo en una esfera donde sus mirar no encuentre obstáculos perennes. Entiendo que el colectivo como tal es la suma de individualidades, pero el problema radica en que el colectivo difícilmente actúa con libertad. El colectivo, sea por medio de la escuela o los medios de comunicación masivos, es controlado.[15] Lo que se busca en sí, es la de poder entender que el individuo debe cortar los hilos excesivos de la dependencia social. Éstos son el motor ineludible de los alcances del desarrollo humano; entonces habría que darle un lugar más prominente del éxito social.

Al hablar de individualidad, lo realizo desde el otro lado, no el de los que manejan los segmentos de poder; lo hago desde la otra orilla; donde también existe la línea del tiempo, el lugar de los que aún no tienen el verdadero espacio; los que no tienen suficiente voz y murmuran y silencian las posibilidades de construir o reconstruir las alternativa.

El docente (le llamaré así por aspectos de permanencia totalitaria), es un representante y continuador de sistemas; él ha sido sacrificado, su vida yace lejos de la misma, y ahora toma la estafeta para dictar y dictaminar el modo de pensar y actuar de los habitantes del país de los sueños, los del otro lado del río de Siddhartha, los discípulos o sujetos a reproducir.

El docente, el líder, no sabe pero aplica, se aplica. Él no quiere, no importa, lo hace. Reproduce y se reproduce en las nuevas generaciones. A él le corresponde ahora imponer las bondades del orden ideológico.

 

  Inclinados sobres sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de Incubación y Condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silboteo solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor. Un grupo de estudiantes recién ingresados, muy jóvenes, rubicundos e imberbes, seguía con excitación, casi abyectamente, al director, pisándole los talones. Cada uno de ellos llevaba un bloc de notas en el cual, cada vez que el hombre hablaba . . .[16]

 

           

            Seguimos. El docente, líder incuestionado, dueño de la palabra y la verdad se impone y extiende la dictadura. Empobrece la educación. A él y al sistema sólo le interesa la eficiencia terminal. Le interesa el alto promedio y los discursos de fin de año o de reuniones de evaluación.

            Un buen docente es aquel que suplica la disciplina, el respeto, la solidaridad, la valentía, la generosidad, pero olvida la tolerancia, la justicia, la igualdad, la libertad y la inteligencia como vértices del espíritu humano (no religioso).[17]

            El alumno cuando externa y crea, surge la alabanza estéril. Como cuando la poeta niña escribe:

 

     Quise olvidarme de líneas y morales,

    Sólo penetrar la solitaria voz de mar y espuma.

     Tenerte a mi lado y sentirte palpitar,

     Lejos del tormento y la distancia, gota diáfana.

 

     Quise ser el otoño y deshojarte sin preámbulos;

     Ceñirte en un abrazo que nace y vuela entre montañas y ríos,

     Recorriendo veredas verdes y nieblas de nieve eterna;

     Decirle al unicornio amarillo que el viento ha dejado de vibrar.

 

            Entonces surgen las palabras arteras: ?Espera, déjame decirte que los unicornios son blancos y no amarillos, y que además si el viento deja de vibrar, deja de ser viento, Y por último, eres pequeña y, además, mujer para que digas esas palabras tan llenas de sexo?. Lo esperado, el docente cuadra y soluciona los círculos dentro.

            Asimismo, aparte de que el docente censura ?claro está, después de autocensurase--, se erige como mártir al ser un tipo o tipa cuidadosa en su vestir, su puntualidad, su asistencia continua; la aplicación de los planes de estudio, de su Plan de Trabajo Anual, y se olvida literalmente de que la aplicación de documentos unidimensionales son poco atractivos en un mundo concretizado de diversidad. El docente se aplica sintáctica y semánticamente, dejando que los usuarios de la educación (los alumnos), permanezcan segregados. Al docente no le interesa el mundo que rodea al alumno. Él cumple y hace cumplir. Tiene las herramientas represivas para hacerlo. Hace a un lado el conocimiento y se aproxima a la praxis educativa: los resultados. Los rostros morenos o blancos o matizados, se esconden sin reparo, atrás del efecto cuantitativo. El ser como tal desaparece. El buen docente califica y califica, no sabe hacer otra cosa. En cambio, el maestro, busca y no encuentra, pero busca. Evita la conformación (Jaime Sabines. Los amorosos). Busca, sí, el conocimiento. Lo mejor es que los verdaderos maestros ya están en la línea de batalla, listos para descubrirse y descubrir.

 

Historia del tiempo o del relato, un espacio educativo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

  1. Albarrán Agustín A. Diccionario pedagógico, Siglo Nuevo Editores, México, 1979.
  2. Angenot Marc, et al. Teoría literaria, Siglo XXI, México, 1993.
  3. Arreola Juan J. ?Prólogo a Ensayos escogidos?, de Michel de Montaigne, UNAM, México, 1983.
  4. Bacon, Francis, Instauratio magna, Novum Organum y Nueva Atlántida, México, 1991,
  5. Bajtín Mijaíl M. Estética de la creación verbal, Siglo XXI, Madrid, 1999.
  6. Barthes Roland. El placer del texto, Siglo XXI, Madrid, 1987.
  7. Beristáin Helena. Diccionario de retórica y poética, Porrúa, México, 1997.
  8. Ducrot Oswald y Todorov Tzvetan. Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, Siglo XXI, Madrid, 1993.
  9. Escandell V., M. Victoria. Introducción a la pragmática, Anthropos, Barcelona,1993.
  10. Garza M., Arios. Manual de técnicas de investigación, El Colegio de México, México, 1970.
  11. Gennette Gérard. Figuras III, Lumen, Barcelona, 1989.
  12. Gomezjara F. y Pérez R., Nicolás. El diseño de la investigación social, México, 1986.
  13. Habermas Jürgen. Ensayos políticos, Península, Barcelona, 1988.
  14. Huxley Aldous. Un mundo feliz, Plaza & Janés, Barcelona, 1969.
  15. Martín Barbero Jesús. De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Gustavo Gili, Barcelona, 1987.
  16. Montaigne Michel de. Ensayos escogidos, UNAM, México, 1983.
  17. Programa y antología del seminario Pedagogía general, CESE, México, 2000-2001.
  18. Schmidt Siegfried.  Teoría del texto, Siglo XXI, Madrid, 1995.
  19. Todorov Tzvetan, et al. Análisis estructural del relato, Ediciones Coyoacán, México, 1997.

 



[1] Juan José Arreola. ?Prólogo a Ensayos escogidos?, de Michel de Montaigne, p. 14.

[2] Michel de Montaigne. Ensayos escogidos. p. 124.

[3] Arturo Souto. El ensayo, 7-11.

[4] Michel de Montaigne. Op. cit. p. 325-326.

[5] Octavio Paz. Libertad bajo palabra, p. 31-32.

[6] M. Victoria Escandell V. Introducción a la pragmática, p. 7-8.

[7] Tzvetan Todorov  y  Oswald Ducrot. Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, p. 337-339.

[8] Mijaíl Bajtín. Estética de la creación verbal, p. 294-295.

[9] Helena Beristáin. Diccionario de retórica y poética, p. 13.

[10] M. Victoria Escandell V., op. cit. P. 15-16.

[11] Gérard Gennette. Figuras III, p. 83-84.

[12] Siegfried Schmidt. Teoría del texto, p. 19-33.

[13] Tzvetan Todorov y Oswald Ducrot, op. cit., p. 380-381.

[14] M. Bajtín. Op. Cit. p. 11.

[15] Martín Barbero. De los medios a las mediaciones, p. 12-25.

[16] Aldous Huxley. Un mundo feliz, P. 19.

[17] Alfonso Reyes. El deslinde.

 

 

Folklore y Guelaguetza en la ciudad de México

 

Carlos Córdoba

. . . HISTORIADOR

Tú que viajas al pasado y descubres sueños y poetas.

Nocturno

 

A lo lejos, a la distancia del ocaso, en pleno  Istmo mexicano, Oaxaca (Huaxyacac, lugar del guaje), se erige plena de nostalgia por su herencia prehispánica. La tierra oaxaqueña se transforma en Guelaguetza, pasado, presente y devenir: obsequio. . . intercambio recíproco de tradiciones, de apoyo mutuo entre individuos y entre pueblos que buscan un lenguaje de amistad a través de colores, de la música, de la danza y de toda la riqueza cultural: puente inextingible de luz y penumbra, jamás obscuridad.

La Guelaguetza es la fiesta tradicional por excelencia del estado de Oaxaca. Se celebra en los dos lunes siguientes al 16 de julio al pie del Cerro del Fortín, escenario formidable que muestra de manera esplendorosa la legendaria y ancestral costumbre de los zapotecas en la que se percibe el misticismo, reflejado en sus danzas, en sus trajes regionales, en sus artesanías y productos típicos. La fiesta se proclama como un suceso de suma relevancia en la que puede participar todo el pueblo, sin importar el status social.

 

Antecedentes

Entre los antiguos zapotecas el vocablo Guelaguetza designaba ofrecimiento u ofertorio. Posteriormente la palabra se utilizó para denominar los sistemas tradicionales de ayuda mutua, establecido en las comunidades indígenas para la siembra y la cosecha, así como ayuda para los matrimonios jóvenes y a los parientes enfermos.

Hace más de tres mil años aproximadamente, los indígenas que habitaban lo que hoy es Oaxaca, encontraron nuevas formas alimenticias; ya no dependían sólo de la caza, la pesca y la recolección, lograron establecer el cultivo de diversas plantas (se hicieron sedentarios), destacándose el maíz como base de su dieta. Al darse cuenta de la necesidad de las lluvias para sus cultivos, los diferentes grupos indígenas tributaron a Centeotl y a Xilonen, deidades  aztecas del Maíz, y a los demás  dioses involucrados. La reverencia, quizás, consistía en la celebración viva de danzas, música, representaciones y ofrenda de productos.

Al parecer, la ofrenda se realizaba a la mitad de la estación lluviosa (julio), cuando era vital que las lluvias continuaran de forma adecuada (?en dosis precisas y controladas?), para sacar adelante las cosechas.

La llegada de los españoles en 1521, tendría como resultado la imposición idiomática y religiosa; no obstante, el dominio español no pudo erradicar las costumbres profundamente arraigadas de los indígenas, las cuales eran consideradas como creencias paganas.

La inevitable fusión de creencias, además del empeño de los españoles por imponer los ritos católicos, hizo posible la creación de una tercera vía: la tradición indígena se conjugaba con la española, dando como resultado diversos actos que, en la mayoría de ocasiones, se convirtieron en ritos más festivos y agradables.

Relativo a la Guelaguetza, los españoles procuraron establecerla el 16 de julio, en coincidencia con la fiesta de la Virgen del Carmen. En este caso, la festividad se transformó en un acto de cortesía para recibir a personajes trascendentes. La cultura española también introdujo cambios en estilos de vida, ofrendas, danzas, música y en la indumentaria. En el último caso, los vestidos indígenas eran de algodón; en la actualidad se puede encontrar lino, lana, paño e inclusive seda, y cuentas de vidrio, como adorno; sin embargo, la esencia del colorido y del ritmo indígena, relacionado con cantos, danzas, imágenes y reciprocidad no han desaparecido.

 

Espejismo Artístico: Siete Regiones

La Guelaguetza es un viaje mágico que inicia su interminable andar. La intensa serranía de Juárez, verde y silenciosa atestigua como la música, la poesía y la danza se funden en un beso perenne que ve al hombre hecho de tiempo y agua, y descubrirlo desnudo y capaz de imaginarse vestido de flores y de plumas, blancas o de matices; de diamantes y rubíes, diáfanos o encendidos; de luna nocturna o luna de coral, volando entre metáforas y diatribas contra el fastidio, haciendo del ritmo un espejismo de pasos cadenciosos.

Es aquí, donde el mar distante ha mandado su arte melódico, junto al Cerro del Fortín, sede permanente de las siete regiones que se hacen partícipes en esta fiesta de folklore y cordialidad incesante: La Guelaguetza de los Lunes del Cerro se manifiesta en el ofrecimiento a la ciudad de Oaxaca que hacen los distintos grupos indígenas de la entidad. El encanto del mundo indígena denota la participación y la reciprocidad a través de cánticos, bailes al ritmo de la música, enriquecidos por delicados y coloridos vestuarios, originarios de cada rincón del entorno oaxaqueño, señuelo inevitable de todo turista que se precie de identificarse por la belleza de los escenarios naturales y arquitectónicos, así como de esa sensación de rodearse de espíritus que viven con orgullo su identidad cultural.

Al finalizar, los distintos grupos, además de su representación artística obsequian distintos objetos representativos de sus respectivos pueblos.

 

 

 

       Siete Regiones:

1.       La Sierra, zona de riqueza incalculable. La música a menudo es sorpresiva por la fusión cultural imperante: imitación delicada, basada en las orquestas y arreglos de origen austriaco que se pusieron de moda durante la invasión francesa del siglo XIX;

2.       La Mixteca, Tlaxiaco, Huajuapan, Chicahuaxtlos y Copa, lugares de serena cercanía a la Sierra Madre del Sur:

3.       La Cañada, vivacidad artesanal de Teotitlán de Flores Magón y Huautla de Jiménez;

4.       La Costa, admirada por sus extensos literales y cordial ritmo de sus habitantes;

5.       El Istmo, línea angosta de placer por su tradición poética y rítmicos sones originarios de Tehuantepec y Juchitán. El atuendo típico de la tehuana y su estilo morisco derivó de cierta indumentaria encontrada en un baúl abandonado por piratas hace varios cientos de años en las playas;

6.       El Valle, mirada furtiva del Son Chenteño y Danza de la Pluma, danza zapoteca por excelencia que viaja por el tiempo y se remonta a los instantes en que se honraba a la deidad de la Flor y el Canto,  pasos de alegría inusitada y movimientos corpóreos y de matices de brillo espectacular, entrelazados de elegante dignidad;

7.       Vertiente Atlántica, conocida por la gran producción de piña, así como los asombrosos valles del centro geográfico: Tuxtepec, Ojitlán, Valle Nacional, Loma Bonita y Usila.

Regiones de variados sones como jarabes y danzas de innumerables tradiciones, sin olvidar las delicias culinarias, capaces de satisfacer los gustos más diversificados; todo en conjunción de esta festividad que une sabor, color, ritmo y poesía, recuerdos memorables que perduran y se enriquecen instante a instante, baile a baile.

La ciudad de Oaxaca celebró en 1932 el aniversario número 400 de su designación como ciudad real por Carlos V. A partir de este año, las fiestas del los Lunes del Cerro las podemos considerar como la Guelaguetza en su etapa moderna, con representación de las siete regiones de Oaxaca. Precisamente en este año, la celebración rompería las fronteras de la entidad para transformarse en un evento de grandes dimensiones. Inclusive, en 1974 se construyó un anfiteatro con capacidad para albergar a más de 11 000 asistentes.

En la actualidad, la Guelaguetza es organizada y promovida por la SEDETUR (organismo  estatal de Turismo). Su realización persiste en los dos lunes siguientes al día 16 de julio, siempre que no coincida con el día 18 del mismo mes, fecha en que se conmemora el deceso del apostol de la Reforma, Benito Juárez.

El evento principal es el concurso para elegir a la persona que represente a la mítica diosa Centeotl. Se realiza el domingo previo al primer Lunes del Cerro. En este evento, a diferencia de los tradicionales concursos, la belleza es un elemento accesorio; lo principal es el conocimiento cultural de la respectiva región del estado (cada región envía su propuesta).

El mismo día (domingo), por la noche, se efectúa el Bani Stui Gulal, representación de la historia de los Lunes del Cerro en las distintas épocas; y al día siguiente, en horario nocturno, la presentación de la Leyenda  de Donaji, última princesa zapoteca, en la que prevalecen los juegos pirotécnicos, los sonidos interminables, el ambiente festivo y el drama que busca vivificar la historia de este personaje.

 

La Guelaguetza fluye en la ciudad de México.

La obscuridad del crepúsculo yace ahí, entre el cansancio, la satisfacción y la nostalgia de los instantes vividos, momentos en que los aplausos y la admiración fueron la respuesta. Sólo la ligera brisa y la luna, su eterna amante, hacen olvidar brevemente el éxtasis, brevedad intensa y hedonismo, provocado por movimientos sinuosos, ágiles, delicados, delirantes y precisos de rostros morenos, en armonía profunda con las notas musicales que viajaron incansables y se apoderaron de los sentidos citadinos.

Estamos en pleno 1999 y la ES1-44 ?Rosario Gutiérrez E., de Tulyehualco, Xochimilco, se ha vestido de gala para recibir a los integrantes de la Guelaguetza, quienes, plenos de historia y tradición,  ejecutaron bellos bailables de las Siete Regiones y lucieron sus majestuosos y coloridos vestidos; además, fieles a la costumbre ancestral, obsequiaron diversos artículos artesanales a la concurrencia.

 Séptima ocasión de luces, movimientos y encanto pletórico de arte en la ciudad de México. Siete años recibiendo el folklore proveniente del sudeste mexicano. Continuación de una tradición de intercambio cultural México-Oaxaca, específicamente de la región de Ocotlán y la zona sur del Distrito Federal (Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac).

El primer intercambio cultural Oaxaca-Distrito Federal, se llevó a cabo en 1991, gracias al impulso de la Profra. Guadalupe Vázquez y de la Jefa del Sector V de Primarias Profra. Alma Bolaños, quienes fueron enlace con los profesores de la Escuela Secundaria Industrial No. 131 de San Miguel Suchixtepec, Oaxaca, Gabriel Díaz Ramírez y Jorge Solórzano Cruz, director del grupo artístico y director del plantel, respectivamente. Las presentaciones fueron en la primaria Río Pánuco, Primero de Mayo y la Gral. Lázaro Cárdenas del Río, así como en la ES1-27, Alfredo E,. Uruchurtu.

A partir de ese año, los intercambios culturales serían cotidianos.

El segundo intercambio fue en 1992, teniendo como sede la ES1-205V, Alejandro Graham Bell.[1] En 1994, se renueva el intercambio. El encargado del grupo artístico, Profr. Gabriel Díaz se cambió de centro de trabajo, motivo por el que se perdió el contacto en 1993. Desde este año los intercambios serían continuos, año con año. Tercer Intecambio Cultural: el grupo visitante tuvo como sede el mismo plantel de su segunda visita (ES1-205V). El Cuarto Intercambio Cultural fue al siguiente año, y tuvo como referencia la ES1-118M, República Popular China. El Quinto Intercambio Cultural. En esta ocasión, el Profr. Gabriel Díaz presentó un nuevo grupo, proveniente de Santa Lucía Ocotlán. El Sexto Intercambio tuvo de sede al pueblo de San Lorenzo Tezonco, realizando presentaciones en Iztapalapa, Xochimilco y en Milpa Alta.

El último Intercambio Cultural Oaxaca-D.F., tuvo como sede la ES1-9, Teutli, en Milpa Alta. Las presentaciones de la Guelaguetza fueron en Milpa alta, Xochimilco, Tláhuac y la Gustavo A. Madero.

Se ha cumplido la primera fase del Intercambio Cultural. El grupo visitante se compone de 60 integrantes, quienes, en esta ocasión, fueron acompañados por la Banda Filarmónica Nuevo Amanecer de Santa Catarina Huixtla.

La Guelaguetza presentó 14 danzas de las Siete Regiones, una exposición gastronómica y artesanal, con productos regionales: palma tejida, alebrijes, barro negro, mezcal, dulces típicos, nieves, mole negro, etcétera.

El Intercambio Cultural se ha convertido, por su trascendencia, en práctica necesaria; sobre todo, para revalorizar nuestra identidad nacional, la que en diversos momentos de nuestra historia parece diluirse en otras manifestaciones culturales; no obstante, la participación de la Guelaguetza en la capital del país es muestra de la vigencia de nuestra identidad cultural.

Para esta tarea se reunieron maestros originarios de Oaxaca, residentes en la ciudad de México, a través de la Comisión de Identidad Nacional, auxiliada por la Comisión de Difusión Cultural, así como por la de Eventos Especiales, ya con la participación de profesores y directores del D.F. El coordinador es el Profr. Félix de León Canseco. Estas comisiones tienen la labor de ser el enlace con los distintos planteles educativos y con las autoridades correspondientes para que el Intercambio Cultural se haya convertido en éxito, año con año.

La labor de estas comisiones es evidente, y no sólo son el enlace entre el grupo artístico de Oaxaca y la ciudad de México, sino se han convertido en un puente de cultura que ha permitido a los estudiantes, a los maestros y a los padres de familia, tanto de Oaxaca como de la capital del país a tener  lazos de identidad entre los mexicanos.

Esta muestra de labor por la cultura es ejemplo de las posibilidades de identificación entre los mexicanos, haciendo votos porque las entidades y  regiones de nuestro país puedan realizar este tipo de intercambios, y hacer de México un universo potencial para el próximo milenio.



[1] Las presentaciones de la Guelaguetza se realizaban en diferentes planteles y escenarios.


EL PERFUME
POEMAS SAGRADOS (ALGUNOS)
MÚSICA LUNAR
LAS VOCES DEL SILENCIO
CUENTO DEL MES. "OBRAS COMPLETAS (y otros cuentos).
PIEDRA DE SOL
NOTAS BREVES (SOGEM Y OTRAS COSAS)
ENSAYO
LACANDONIA
Bajo los efectos y los espejos de la luna


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