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EL PERFUME
EL PERFUME

 

 

 

Triste Sendero

 

Un breve silencio,

Un estar a tu lado sin premura.

Un momento de incertidumbre,

Vago y doloroso, tristeza

Involuntaria.

 

Al redescubrir la Luna

Y su océano creciente,

Esferas blancas de placer inundan

Secretos y altivos orgasmos

Que secretan, efímeros,

La felicidad proclamada, silenciada

Por lamentables sucesos que despiertan,

En ocasiones,

Parte de nuestra realidad, lejos del espejismo.

 

El dolor también resulta espejismo:

Recuerdo profundo, finitud expuesta,

Crueldad provocada, arrepentimiento.

¿Acaso importa sufrir si se ama?

¿No el fin justifica los medios?

Lo dicen, se canta; sólo es el pretexto inexorable

De la virginidad celosamente guardada

(¿¡contenida y encendida llama torturada!?),

Al oportuno de virginidades catador.

 

Pobre del tiempo, nonato,

Mil vírgenes y sólo una venereda,

Envilecida por el ángel fastuoso,

No virgen.

 

¿Acaso, ocaso, el nacimiento divino necesitó

de visitas oscuras, nocturnas?

Su virginal pronunciamiento quedó enredado

Y se hizo eterno.

¡La pobre y bella!

Él pobre imbécil,

Virgen verdadero,

De diáfana mente,

Descanse en la memoria infiel.

 

En tanto, persiste

El dolor de sabernos muertos,

Vivos, a pesar de la muerte.

 

Te declaro la caricia y el pronunciamiento

de mi pena, verdadera.

 

 

                                                                         Tygre Nocturno

 

 

 

La rosa del mar

 

 

Por la tarde, este sol

Imagina la penumbra serena

De dos vaginas cotidianas.

Dos voces en presente

Encendidas de forma fugaz

Del mar pardo horizonte.

 

La mar, mujer insaciable

Que devora y se deja devorar.

Plena, fresca y altiva,

Azul cristal, azul solar,

Expresividad celestial.

 

De esta mar, de este cielo lunar

La refrescante brisa en el rostro cae,

Delicada caricia de fondo azul,

Superficie de espuma.

Intempestiva y flota, surge el sueño y emerge desnuda total

 

La rosa de azul cristal.

 

La mar no sólo es mujer de sal.

Es agua del sur

Rosa del sur,

Reina del sur.

Rosa tropical

Rosa otoñal.

Rosa del amar

Rosa de la mar.

 

Mar también su color,

Maíz de oculto sol,

     Radiante color,

Luz lejana, vivo distinguir,

De azul aroma lunar.

 

La mar,

Rosa perpetua de la humanidad.

Rosa de sombra secreta.

Rosa de ámbar,

Rosa de piel de ti.

 

Pero este día en que veo la rosa

De Xavier,

La rosa digital;

Hablo de ella

Como la rosa sexual,

La rosa sensual.

La rosa invertebrada de tu alma,

De fáciles pétalos,

Gráciles en su mirar.

 

La rosa total,

La rosa mirar,

La rosa rosa,

La rosa rosa,

La rosa rozar,

La rosa solar,

La rosa, nuevamente,

De la mar.

 

Plegaria secreta I

 

Tras la cruz

he ganado la soledad.

Juego miserable:

ausencia del azar.

 

* - *

 

Quiero el deseo de ti

cuando nadie lo tenga.

Sentirte rosa o roja.

Invertebrada.

 

* - *

 

Cruzar el río del himen

Lejos del folclor distante y penetrarte toda.

Inmensamente toda

sin posesión alguna.

 

* - *

 

En estos días de exceso solar,

la triste lágrima

refresca la intensidad

de tu recuerdo.

 

* - *

 

Lloras, lloramos

por ti y por mí.

Olvidamos amar

cerca de ti y de mí.

 

 

                                                 T.N.

 

Plegaria secreta II

 

Cada día, infamia secreta,

convencen y convencemos

de la bondad o treta

de vivir mejor en apartamentos.

 

El vecino del otro apartamento

se queja de tus pujidos o quejidos.

Nosotros sabemos de deseos expresos.

Eso creo, no le sé.

 

* - *

 

Hoy te busqué en la Alameda.

Te vi con otro. Era otro cualquiera.

Otro salvaje, otro imbécil . . . miserable,

pero estaba contigo, suficiente para ser feliz.

 

* - *

 

La vi sentada,

alcancé a ver lo blanco.

Cuenta se dio, las piernas cerró.

Turbado y apenado sonreí.

 

La vi sentada,

de pantalones vestía,

sus ojos no volví a ver,

No la vi jamás.

 

* - *

 

Bush y Blair, Premio Nobel de la Paz.

Él, de la Sahagún, de Inteligencia novel.

Ellos, todos, grandes hombres del bien.

Los otros, también el último, en Paz.

 

           T.N.

 

 

Décima

Son pasadas las 10. Los rinos de las campanas

retoñan y mueren en el silencio más miserable.

Tres o cuatro caricias formidables

cercanas al triángulo amoroso.

en el centro, señuelo y espasmo,

glorifican la profundiad azul en el más abisal

desmadre de la naturaleza.

 

Sin ojos, sin vista, sin tu sonrisa pétrea.

Mefistófeles luce verde, quemado y traslúcido.

Sus musas, las de ellos,

las que siempre busco,

virginidad perdida,

                                   muerte y alas,

deambulan y soslayan tu vagina superficial, siempre lista, siempre roja,

toda la vida dispuesta y dispuesta a la doble penetración,

sandwich sereno de carne y energía.

 

 

A Prouddon, parte de la esencia

 

Amor, la vida anda,

Se mueve, con todo y

Las turbulencias del mismo amor.

Quisiera, de pronto, hacerte sentir

La plenitud de mis recuerdos.

Decirte al oído, recorrer tu frente

Y acariciar tu vida y los senderos.

 

En este día, pobre y amoroso,

Recibe la insignia de este beso

en la profundidad de tu frente

y que la agonía del desamor muera por fin.

 

En este día, la efigie tuya de ser madre

De los dos más elevados ángeles

De mi alma.

Ellas, bellas y delicadas,

Viajan entre la mar enardecida

Buscando, sin encontrar,

La vereda cercana. Sólo encuentran

El camino distante de la nostalgia,

Esa armonía serena de pasión por vivir,

Nada más;

Sin importar el lugar preciso,

Ya que no existe otro que el de la

Luna,

Territorio al que perteneces y no saldrás.

 

En ella, la Luna,

Nos encontramos en este día,

El cual lucharé se extienda

Y deje de ocultar las caricias

Necesarias de mis adentros.

 

Por ti, amor mío,

Y después de luchar por conseguir

Las palabras exactas para decirte:

                                                     Te amo,

Entrañablemente, a pesar

De esa lucha por conseguir la libertad imaginaria.

 

Tú y yo, nuestras hijas,

Sea en esta complicada ciudad o

 En la bella

Y poética selva,

Te espero y espero,

Llorando o entre risas,

Hacer del vacío, el puerto distante, complicado.

                                                                                              Alberto 2003 mayo 10

A Rodrigo, descendiente de una excepcional flor,  por alcanzar el viento y bajarlo a un texto.

 

Bajo la tormenta, la tempestad

Florece. Plumas de arcángeles pálidos

Y plumas sin letras,

Todo el matiz del cielo huele a tristeza, encono y cansancio.

Una breve comida, casi invisible, necesaria,

Pasa por los sentidos más sublimes.

Al fondo, una mujer bella cruzando sus tersas piernas de sexo,

Invitación que en el olvido se queda, posiblemente en el silencio de nuestra frustración:

En el baño o en la cama fría, la que nos espera como siempre,

Sin engaños de flores o virginidades perdidas.

Al abrir los ojos, después de haber escrito líneas interminables

De sabiduría incomprendida,

Descubrimos siempre la hoja blanca, la investigación mil un veces pronunciada

O bienquerida, pero la agudeza al final se impone y la hoja deja de ser

Blanca, conversa en libro que nadie va a leer y que en el hogar

Vale, justicia del mundo, cinco o seis textos de Goethe;

Diez, quince, once de Paz o simplemente vale el alma fundida

Tras las noches llenas de estrellas e ideas abandonadas.

 

El libro, honor familiar, expresa datos tristes y solitarios,

Cadenciosos, perennes y valiosos.

 

A lo lejos, siempre distante, se escuchan los lamentos

De la lluvia que no cae, del incienso sin fuego:

Oro y líquido preciso del conocimiento,

Libros de melancolía que han pasado,

Ojos destellos,

Lúgubres noches sin dormitar, teclas y teclas

Que lucen impávidas bajo la gota sangre secreta

De páginas inconclusas, agotadas

Por ríos incansables de imaginación y agotamiento.

No importa, qué importa la impronta sabiduría

Que ha nacido a través del esfuerzo,

Lugar donde no se soslaya al pronto tiempo que yace ahí,

Sediento de nosotros los que sin querer

Conversos en letras vivas de nostalgia y abrumadora soledad.

No importa, si bellos momentos de jugar hemos carecido

O dejado, tal vez, siete u ocho orgasmos necios

Por la palabra árbol o estudio: análisis del tiempo

De luceros del otoño e invierno; de lápices o bolígrafos

O tintas o la majadería digitalizada que no puede crear.

                                                  Tygre Nocturno

 

 

Emma, Naces de una Décima de amor

A lo lejos reverdecen las esfinges

 

Son las once, corazón.

Tu herida moribunda

Está secreta, profunda. . .

Silencio y pasión

Nocturna. La delicada

Caricia me abandona,

Hoja seca y lejana,

Al verte en la distancia,

Con lastimosa demencia,

Rota en el aire, de pena.

 

* * * 0 * * *

 

Emma, reverdecen tus ojos las esfinges. . .

Precisamente en medio de la penumbra.

¿Acaso recuerdas aquéllas, de hambre y amor las noches,

uno sobre el otro miramos las nubes

a través de la ventana.

Sin fuerza física, sí de amante,

me levantas en tus brazos

y te quiero, te quise, no te olvido.

 

Recostados en la redonda almohada

oímos y tememos el canto de las horas.

La caricia sedienta se detiene de pronto

y aparece el fulgor en nuestras mejillas;

nuestros labios siguen y siguen, deleitándose,

el uno al otro, los dos al mismo tiempo,

sin separarnos nunca, a pesar de las preocupaciones

de la diferencia intentar.

 

La cuarta hora ha pasado ya,

pero nuestra pasión tierna no encuentra alivio,

a la tarde se le hizo tarde, ya termina.

 

Oh, celestial espacio,

¿puedes acaso detener el tiempo?

 

Silenciar verte

en la orilla de un río azul, penetrada,

hermosamente, sin el sacrificio del mundo,

solos tú y yo, Emma,

bordados en el instante preciso;

sin importar que tu fuego o el mío

incendien hogueras extrañas.

 

 

 

                                               T.N. (1994?)

Feliz Día, preciosa.

Día de imágenes

 

A lo lejos, cerca de mí . . .

del tiempo.

Apareces serena y tu gracia infantil,

de niña primorosa, espontánea, elevas la imagen y el recuerdo:

Aquel día inolvidable donde presumías el sueño nocturno

Y tu devenir de adulta.

Veías, jamás dejaste de hacerlo, la estampa

Presente, tu madre, tu familia, tu amor,

la sensibilidad del instante; tomar el fruto encendido del cielo,

incluso en la noche más apagada, ausente de luna y estrellas.

Extraías el juego sediento y vertías, insaciable,

El planeta de tus fantasías que todavía sabes vivir.

Ayer, hoy, ayer, un juego de palabras en que vives

Y disfrutas tu niñez, el adolescente segundo y saltas, saltas,

Sin la extrañeza de los que han dejado de volar, los muertos que no aspiran,

Sólo fallecen, se dejan morir.

Tú, frescura de imágenes, desenfundas la alegría y olvidas,

Por lo menos en esta etapa de tu existencia, la melancolía.

Algún día,

a lo lejos, cerca de mí . . .

Del tiempo,

será parte de los nuevos sueños.

 

 

T.N

 

Enero 2001

 

Les malheureux

El dios Apolo ha desatado la fuerza y la oscuridad.

Es la noche y el azul cristalino

Refleja la estampa y las caricias vertidas,

Ciclones de fuerza y espasmos prolongados

Circundan el lado visible.

En la sombra, no de ella, voz de silencios y sonidos

E hipocresías derrumban la frase elocuente y miran

Sin dilaciones sobre la burda palabra,

Inclemente y mordaz, de nula inteligencia y simuladora arrogancia

Que intenta penetrar con la falsedad más trémula

En el escondite de la verdad.

Esa sombra, distante de la Luna,

Ruge y no surge, no provoca realidades,

Sólo expande su banal deceso de la caricia natural,

La señal de la decencia;

Es . . . lejana de la Luna,

El mundo infesto de Las Miserables.

 

A ti, Princesa Virgen de mi Inspiración

Una palabra, un sonido o la imaginaria fe

De mirar tus ojos

Alienta mi sed de tenerte bajo los brazos.

Una palabra, caricia y princesa del Olimpo,

Se transforma y no se agota,

Deambula

Y expresa el viento sobre tus senos

Vivos y serenos,

Cúpula y cópula de los labios carnosos

De mi inspiración.

Una palabra y olvido de tu lejanía

Y recorro, beso a beso,

Tu rostro y cuerpo y

Me detengo, fortuita y gozosamente,

En el norte de tu triángulo amoroso,

Empapado por y de mis besos.

Te poseo y me posees,

Sin escrúpulos como las reinas marchitas

Por el incoloro y translúcido adiós de la niñez,

Grácil forma de entender y viajar en medio de los árboles

Y el agua,

Distante del sueño llamado

Tiempo.

Vinimos, venimos, vendremos gota a gota,

Miel a miel; tú y yo,

Ella y yo. La Luna y el Universo. . . musicalidad

Y piernas entrelazadas, ideas de ti y de mí.

. . . Después, junto al casi olvido,

el recuerdo y tu aliento.

 

Agosto 2001

TN

 

 

DOLORES . . .

Escribir suele ser peligroso. Escribir en el aire, sobre un papel, dentro de la mente, en el silencio. Anotar en la superficie profunda de la piel femenina aquellos recuerdos del amor y del adiós, inolvidables. Escribir significa apoderarse del Universo a través de las palabras y, a la vez, sentirse solitariamente alejado de éste. Escribir. . . podría transformarse en dolor intenso. Escribir. . . en los tiempos de Dolores Gómez, en el momento de su muerte, resulta ser doloroso.

 

Abuela...

 Nombre que alguien lejano en el tiempo te dio.

No te conocí con otro.

 

Al sentir tu última mirada, perdida en el aire,

y presentir tu muerte,

un mar melancólico

de recuerdos inundó y se apropió de mi

Alma, último reducto de decencia.

 

No sé si él, Sabines,

mi Mayor Sabines,

aspiró y respiró mi dolor, herida de muchos,

al darme cuenta de tu muerte.

 

No lo sé en este instante

si tú y yo,

perdona te hable así. En vida no pude hacerlo;

no debí, jamás lo intenté.

Tu grandeza de mujer inteligente, pocas lo han sido como tú,

y el respeto de ser mi Abuela,

me lo impedían.

Pero este día, mi tristeza por tu viaje permanente,

me provoca un atrevimiento amoroso

de recuerdos y flores y vida.

 

No lo sé, linda viejecita,

pero tengo el cinismo de cantarte de frente

el último adiós, un vuelo de adiós blancos,

un saludo del Tigre Nocturno

que agradece, maravillado,

tu legado.

 

 

Escribir en tu muerte suele ser doloroso, pero al hacerlo desde los recuerdos elevados de tu pronta conciencia, deja de serlo.

 

 

Estas palabras viajan, incesantes e interminables, gracias a la tierra que te cubre en tu íntima morada.

 

Con amor y recuerdo

Tu nieto Carlos Córdova Solís

Julio 2001

 

 

 

Te ví y sueño tus ojos.

 

Los hombres y mujeres pasan el tiempo

y no saben si irse o quedarse a ver las estrellas y los relámpagos;

siempre tienen dudas.

A lo lejos, en la distancia,

se detienen y deciden oír el murmullo del mundo.

Escuchan el ir y venir del viento y descubren ritmos de plenitud melancólica,

de nostalgia y de alegría, pero jamás de olvido.

Escuchan y el viento fluye sobre sus sentidos.

La extrañeza se apodera de ellos, hasta que viene la luna y les dice:

--No duden . . . es la música, la mujer, tu mirada.

T.N.

 

El tiempo de tus besos

El tiempo está ahí,

junto a la obscuridad y la alegría de la penumbra.

Ven hacia el olvido y desnuda,

sin temores,

la facilidad de tus besos.

 

El tiempo está ahí,

sereno y taciturno,

en espera de ti

y tus caricias, y de aquel sabor

a mujer: desprenderte de pétalos gráciles

y rojos de pasión tierna.

 

Recuerdo tu delicada sonrisa

y surge, intempestiva,

la memoria de ti, toda,

sin dejarle nada al olvido.

 

Recuerdo tus labios y el amor,

sentirlos como se siente el viento nocturno

y verte, desnuda, cubierta de un velo contundente de caricias

y tomarte y beberte sin misericordia. . . decirte al oído:

¡Me encanta descubrirte entre mis brazos!

T.N.

 

 

 

Héctor y la mirada furtiva

Sin saberlo, posterior a dos temibles miradas,

El amor lloraba sin misericordia.

Presente, de plenitud adolescente,

El brazo lejano extendió su proximidad,

Alentando, así con severidad, la artera puñalada,

                        Sin sangre verdadera, sólo tu mirada exhuberante de crueldad.

Sobre la efigie clara

Y bondadosa

                        De la mujer sensible, ahogada

Por la siniestra lejanía, la que no entiende,

La caprichosa y fría de pasión;

pero amante. Y sí precisa de ti.

No descubre, sí conoce y se traslada

A los confines de la necedad absurda.

Niega, al igual que fariseos,

La caricia tierna de la delicada rosa,

Quien sueña y sueña, ha dejado de vivir,

Esperando y aspirando la merecida brisa

De la notas y notas que no aceptan penetrarla

Musical y amorosamente.

 

TN

 

 

 



EL PERFUME
POEMAS SAGRADOS (ALGUNOS)
MÚSICA LUNAR
LAS VOCES DEL SILENCIO
CUENTO DEL MES. "OBRAS COMPLETAS (y otros cuentos).
PIEDRA DE SOL
NOTAS BREVES (SOGEM Y OTRAS COSAS)
ENSAYO
LACANDONIA
Bajo los efectos y los espejos de la luna


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