
La nostalgia y su melancolía
Mexitl, bella y mágica; Luna de transparencias; fémina poeta, cimiento de nuestro país. Recorrer los linderos de nuestra cultura significa entregarse y amar; amarnos verdaderamente.
Alguna vez, hace no muchos años, pies descalzos de barro moreno, como los que hoy aun perduran y andan en tzotzil o tojolobal, miradas que se perdían entre la espesura de la selva. Ojos taciturnos que recogen el verdor de los árboles, el azul celeste del horizonte y de las aguas del río Usumacinta. Río de voces y cantos de quetzales, de la sombra nocturna y del conocimiento, era la voz, el encanto mágico y placentero de los mayas. Los escasos años mencionados, literalmente podrían significar la etapa prenatal de nuestro país. Metafóricamente podría ser la época más memorable de nuestra cultura. Déjenme decirles que precisamente los años mayas, olmecas, zapotecas, mixtecas y mexicas, podrían añadir a nuestra identidad, a nuestra historia, un preceder extraordinario y como los cuentos de hadas, señalar el inicio de la narrativa histórica con llegada al rincón del camino, nunca el final.
Los mayas fueron gentes de palabra, de tradición y de ciencia. Esos seres maravillosos encendieron las llamas de la creación científica a través de sus estudios astronómicos, matemáticos, arquitectónicos . . . el amor por la naturaleza. Este día, quizás como cualquier otro, nuestros mayas parecen reflejarse en los adolescentes, en los niños y, de alguna manera, en nosotros, los adultos que hemos perdido, la mayoría, el don de la sorpresa y la imaginación.
Escuchar, junto a la penumbra, el baile de los ojos taciturnos que se dejan mirar, inmutables de imágenes de marginación, miseria y vejación encarnizada de los mínimos tributos de la mujer y el hombre. Esos ojos vivaces, lo único quizás que percibimos de ellos sea el color escondido y encendido de su frialdad, han visto la muerte y la enfermedad, el sufrimiento artero entre sus propias paredes de tierra; han visto... ven como el verdor del campo, los árboles altos y bellos y la lluvia siempre presente, no les pertenecen en realidad, no les sirven de nada, no hacen nada, sólo ven y disfrutan el paisaje, se llenan de poesía y amargo sentir.
T.N.

Reunión en San Cristóbal de las Casas con don Amado Avendaño, Ex-Gobernador en Rebeldía de Chiapas, México.