Bienvenido a
Tigre
El caracol susurra en el oído que otra sociedad es posible. Su voz es la voz de la justicia. A través de ella habla la dignidad de un pueblo.
Luis Villoro
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Presenta los cambios. . . pronto.
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Hículi Hualula |
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Iluminación
Desde la profanidad,
Sima invertebrada,
Apareces de pronto,
Bella Perséfone: rostro
Diáfano.
Oculta. Sedienta.
Pamela. |
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A la orilla del sueño
A la orilla del sueño algo de mí despierta Brasas que miran la otra parte que como siempre duerme
Hay una barca que se abre ante el mar como una espera Hay una vertical sombra sin rostro que me invita a subir A irme de viaje por estas aguas turbias en estas horas que alzan su ramazón su tallo oscuro en el tiempo que crece antes del alba
Hora de gallos asustados que concentran pavor bajo sus alas Estancias tibias en donde irrumpe el frío como un silbido de cristal
Alza su pecho gris la incertidumbre Entra mi pie en la barca Despierta la otra parte de mí que siempre duerme y unta un frío sudor sobre mi frente
Enciendo luz Salto fuera del sueño
Tiemblo.
Efraín Bartolomé
Música solar
El viento no rompe
Una palabra, amada mía ?concepto de soledad--,
Se traduce en el mismo lenguaje.
Voz y voces del mar o de la Luna inventada.
Una basta, silenciosa y cadencia para enumerar
El mundo;
Martirizarlo, vivirlo y esperar
La espuma, la luna, el oleaje
De la desesperación.
Una palabra, amada mía,
Se funda en el mismo antilenguaje.
En el mito y el rito, perdura.
En nosotros vive
Y muere, lastima.
Nos provoca sensaciones
Y nos enseña a vivir.
En este silencio,
De jaguares y estelas,
De vírgenes abandonadas
Y sepulcros violados,
Hoy vivo en él.
Es la palabra que origina el sonido
Del viento, el adiós que no se marcha,
La melancolía premisa: la nostalgia en ayunas,
Vertebrada.
Somos desnudados por el silencio.
Esperamos la palabra, contraria es;
Ésta vuelve y desnuda, nuevamente,
Nuestra insatisfacción
Bajo la almohada tersa del aire
Que no vemos. Sólo descubrimos
Su olor, sabia amorosa,
Obliga a reconocer sólo
Las palabras que guardan, sedientas,
El poder del silencio, de la memoria.
La palabra, amada mía,
No solamente es silencio,
Existe gracias a él, y éste
Existe sin ella.
Una, la primera,
Duda del Universo;
El segundo, otra duda más.
Juntos,
La respiración de no presentirse solitarios.
En ocasiones, amada mía,
El silencio también se traduce en
La memoria que muere,
Que está ahí, precisamente
En el lugar definitivo,
El adiós sin retorno.
TN
A Pablo Neruda
Nunca recordaremos haber muerto
Tanta paciencia
para ser tuvimos
anotando
los números, los días,
los años y los meses,
los cabellos, las bocas que besamos,
y aquel minuto de morir
lo dejamos sin anotación:
se lo damos a otro de recuerdo
o simplemente al agua,
al agua, al aire, al tiempo.
Ni de nacer tampoco
guardamos la memoria,
aunque importante y fresco fue ir naciendo;
y ahora no recuerdas ni un detalle,
no has guardado ni un ramo
de la primera luz.
Pablo Neruda
Hugo Argüelles, misoginia y decencia teatral
Los cuervos están de luto
Hace tiempo, don Hugo Argüelles (Hugo), estuvimos en el escenario. Fue un encuentro tenso, a la vez sereno; sutil y de escaramuzas ingrávidas, valioso en lo personal. Para él, quizá, una situación fortuita, olvidable.
En algunos diarios he leído que era bondadoso con los amigos, con sus discípulos, e implacable con sus adversarios. Lo segundo es verosímil. Lo primero, propone serias dudas; sobre todo, al conocer su personalidad inquieta, carente de humildad simulada. Un escritor, dramaturgo, para ser exactos (¿existirá, acaso, alguna diferencia absoluta?), no puede serlo, él, acaso compartía, en gran medida, parte de sus experiencias, enseñanzas y su majestuosa obra. Si es así, bienvenido el término bondadoso. Bondad de Maestro, del creador, del artista.
Maestro, Hugo, el ángulo de esa reunión era dramático: veinte o treinta receptores. Todos, me atrevo a consumar que sin excepción, a la espera de la primera y no de la última palabra. Al fin, estaban ante la presencia de quien póstumamente será (es, ha sido), un ícono en las letras mexicanas, motivo suficiente para establecer con cierto dejo de orgullo: ?Alguna vez, fantasma o personaje incidental, estuve ahí".
El sarcasmo transcurría como en los guiones californianos, el bueno de la palabra en su sitio, función emotiva a plenitud, sin dedicatoria exacta ?apelación cancelada--, y en acto de habla matizado, lleno y rebosante de actos fáticos con los dioses del olimpo y los príncipes de la inspiración hipotética; acompañado, claro está, del amigo inconfundible de peripecias privadas: cierto mozuelo de tez blanca y contornos delicados, silencioso total y atento a cualquier ademán del fundador de la SOGEM; además, un sencillo pero suculento lonche (remember US), como si estuvieras solo, dentro de las paredes de la cotidianidad, sin nadie de importancia, además de tus ocurrencias, las cuales se transformaban en seres divinos, todos hombres, todos silenciosos, todos figuras de papel, torbellinos en el ámbito secreto, en ese espacio tan majestuoso de Coyoacán, institución que te debe tanto, tal vez todo.
Muchos, tal vez nadie o todos, bajo la palabra escondida, sabían de ti, del novedoso sabor de la muerte: jugabas con ella, en tanto podías. Lo hiciste siempre, sin temer que algún día, ironía de la misma al fenecer en vísperas de tu amigo que en alguna ocasión fue mal pescador o pésimo carpintero (cuentan de sus venturosas trampas divinas), mas excelente amante de Magdalena, la María, también; pero ese instante, lo pronunciaste como si no tuviera importancia tu muerte misma, llegaría y en ese preciso momento, le darías el beso de la complicidad.
Enfrente, los que, abrumados por el frío y el ?no fumar?, esperaban las palabras altivas, seductoras, misóginas y, en varios instantes, exactas; aún receptores de nada, sólo de tu presencia: mito, tiempo, libertad, espacio.
Ellos, nosotros, a la espera de tu palabra dramática. La cual, las cuales, llegarían bellamente rudas, literarias. Teníamos la intención de escuchar al Maestro, al teorético?, al eslabón. No fue así, tus palabras sólo manifestaron parte de tu cosmovisión, tu humor sereno, oscuro, no oscurantista, provocador.
¡Qué más podíamos esperar! La teoría en los libros o con los docentes de preparatoria, universidad o posgrado. Quienes, ¡nunca!, verdad Maestro, hablan y escriben, al igual que este tecleador, sin haber escrito algo decente, aunque tenemos el soberbio atrevimiento. Qué decir de los docentes de primaria o secundaria. Ellos sólo definen sin definición propia, pero explican, nos explicaron todo, a pesar de no comprender que los géneros, que la literatura misma, que el cuento, las obras dramáticas, no aceptan definición alguna. Nos enseñan, nos ensañaron, a escribir relatos bajo reglas tipológicas o representar obras con todo el descaro del mundo y sin la mínima asesoría de libertad.
A pesar de. . ., comías acompañado de un Dan-up de cereales y de frutas tropicales, en plena estación fría. De pronto, desde algún punto inestable del Universo, proferiste la primera de ellas, ?Perdón?, después de una esporádica emisión de gases gástricos... y seguiste, ya con la mano cubriendo tus labios, masticando hasta la penúltima migaja de la, parecía, empanada de vegetales con vísceras irónicas. En tanto, en el recinto escénico, el glamour de las risas reflejo prosperaron al mínimo esfuerzo de tu espectáculo.
Sin ver al auditorio, sagrado de neófitos, ahora no una palabra, sí la frase, el enunciado completo, la oración imperfecta, repetitiva en este mundo de intolerancia: ?No fumar?, comentario con el olvido necesario del acto de habla imperativo.
En el fondo, después de la cátedra y el escritorio, la multitud o muchedumbre, el enjambre y las avispas, hasta ese momento, seguía atenta, todavía recipiente y desesperada por no tomar el cigarrillo que, en muchos casos, no es adictivo, en vías lineales de convertirse pronto en acto periférico o altermundista.
Cambiando una brevedad de 361 grados Gl, característica de la ligereza del presente autoexilio textual, la palabra altermundista, señuelo y espejo de la llamada sociedad civil y que, para aquellos que escriben gracias a los correctores ortográficos de los procesadores, representa una palabra complicada, pues el famoso corrector la marca como error o como término desconocido, así como otras, gracias al desconocimiento de quienes, desde una esquina de su latosa laptop o pc o mac, deciden las palabras conocidas y desconocidas de nuestra lengua, teniendo como lengua madre el inglés o el irlandés de alguna isla de Nueva York o de Silicon Valley, y que con toda validez (impuesta), anotan el acto de atraer con una halar o anotan parquear sin que se delimiten en el texto con las líneas del error.
De nuevo por las aires iniciales, don Hugo, los veinte o 30 (XXX, listos para segregar el éxtasis de la tempestad), seguían silenciosos, bajo el estupor de escuchar al autor de tantas obras dramáticas, incisivas y profundizadas por el creador (tal vez no en su origen, sí en la versatilidad y calidad) del humor negro.
Tomaste la servilleta blanca, siempre diáfana. Simulaste limpiar tus labios y de manera inesperada, mirando a todos y a nadie en particular, la voz encantada y con plenitud expresiva:
-- ¿¡Aquí no hay madres!?
Sin mediar palabra de los perceptores, nos las pediste, no lo permitirías (era tu show):
-- ¡Bueno, que chinguen a su madre, las madres!
Nosotros, ellos, el que escribe, ninguno. Sólo los aspirantes a discípulos del autor de Doña Macabra cruzaban miradas, la mayoría atónitos. No faltó la mujer acomedida, valiente y aludida que levantó el brazo izquierdo para intentar protestar. No pudo. El buen Hugo sólo indicó que no llegaba con el afán de ofender a los presentes y a los no presentes, sólo expresaba una idea: las mujeres típicas y las atípicas (feministas provenientes del latinismo mater), ?le rompen la misma madre al mexicano, perpetuando su especie? con sus timoratos y continuos chantajes e imposibilidades de trascender fuera de la cama, de la comida y de la casa, aproximada al mundo gracias a los chismes floridos del vecindario.
Así era, la tercera llamada había sido pronunciada, junto al tercer acto. Los anteriores, en el olvido, fueron olvidados por el sereno vespertino.
En este acto, quizá el último, en que el buen Hugo Argüelles y el Tigre Nocturno participaron en escena. Se fundieron, ante el silencio de los noctámbulos, en un abrazo extraño, alrededor de aquella mujer de apariencia tímida, escuálida y pusilánime del film La oveja negra, Vivianita.
. . . La tierna, bella, vieja, quejumbrosa y adolorida Vivianita, siempre en el chantaje abierto del dolor y del sacrificio. El suplicio de la conformación y la atadura que provocaba el encuentro de dos seres (Infante, el popular, y el más importante de los Soler, de esa historia, don Fernando), mas no el desencuentro. Los dos, a la deriva de los impulsos de la madre y cónyuge, respectivamente, casados hasta la eternidad, con la promesa de inmolarse mutuamente por la sacrificada mujer, en aras de su bondad: la castración.
Hoy, utilizo esta palabra, tan absurda y necia, bandera hasta para ser presidente, buscando sacudir tal connotación, 25 de diciembre, al recorrer algunos puntos interesantes de Coyoacán (por cierto, muchos), acompañado de tres hermosas rosas carmesí; el tumulto en el Centro Coyoacanense y una manta precisa, de un humor negro, pero el día de los Santos Inocentes estaba distante unos días más, indicaba el homenaje al Maestro, postmortem.
El revuelo de la noche previa, me hizo imposible enterarme debido a las ocurrencias, eternas, desde los primeros minutos, alejarme de diarios, televisión e internet, la famosa red global que, con sumo espanto, refleja día a día menos creatividad, y pronto tal saturación de trabajos similares, iguales, los mismos. En dos o tres años, posiblemente menos, al escribir en un buscador clásico una palabra o una expresión, nos enviará a 2 o un millón de páginas, todas con la misma esencia u origen.
La muerte está siempre presente, nos ronda y no abandona, y el Maestro no logró cenar en la Nochebuena, pues dicen los que saben, que pasados veinte minutos del mediodía, un cáncer de próstata lo marginó de seguir su prolífica vivencia del mundo. Si se hubiera masturbado desde joven, dicen otros que también saben, su quinta muerte clínica, final y verdadera, la fecha pudo haber cambiado, y el cáncer controlado hubiera, tal vez viajado en su quinta secreción.
El Maestro, veracruzano de nacimiento y por gusto, permanece en la sima física, pero en la cima artística, de la cual ha comprado, lo ha sabido, el nicho perpetuo. Su obra, respira. Los escritores, dicen otros más, sólo mueren de oídas, no fenecen. Tienen el numen de permanecer vivos ?decía Borges--, mientras las páginas de sus obras sean recorridas o, en este caso, además de la lectura, sean representadas u observadas.
La muerte, el juego del que siempre se mofó, creativamente, le jugó sin complicidades un final inesperado, lejano de las 23:00 horas del puerto, en el distante 1932. Hora de cierre: 12:20. Apertura: Tiempo completo, sólo cerró para cenar.
Carlos Córdova
Diciembre/2003
Lo nuevo: Triste Sendero (El Perfume)
La Rosa del Mar (El Perfume)
Alma ausente (Poemas Sagrados)
Los niños y la guerra (Ensayo)
Cihuacoatl, el amor de la palabra (versión de La Llorona)

Carlos Córdoba
Quiero amarte, Cihuacoatl, desde el fondo del agua.
Quiero llorar contigo, deseo ver tu recuerdo.
Las flores verdes en las chinampas inundaban con sus raíces secretas la visión del tiempo. Desde el fondo del canal una voz profunda brotó y la piel de los habitantes de Xochimilco se encendió de un frío sepulcral. Casi las dos de la mañana de un día siniestro, inolvidable de 1605.
Los españoles también sufrieron el temor del canto. Tantas muertes provocadas, tantas infamias cometidas; crueldad y cruz juntas para tratar de hacer olvidar las creencias primeras de los mal denominados indios.
A la mañana siguiente, nadie quiso comentar los sonidos nocturnos. Los párpados expuestos y el andar taciturno, de sueño interrumpido; el alma rota, eran los únicos rastros. El resto, el olvido. El temor y las mejillas que dejaban caer lágrimas silenciosas parecían perpetuas; caían sin detención, cada una con la historia verdadera. La complicidad cruel aparecía con exactitud en el rostro español y el terror de no ingresar al reino de los cielos solamente se alejaba ante la promesa de perdón eterno de Fray Juan Mazorra, encargado del convento de la ciudad, quien adquirió el compromiso de interceder ante la divinidad. En el otro lado, la tristeza y el terror verdadero, la sangre de los aztecas, de los mayas, expuesta a la desaparición.
Don Francisco Zapata de Contreras, el mismísimo gobernador de Xochimilco, decretó la inexistencia de la noche trágica. Desde el día siguiente, bajo pena de perder sus tierras y beneficios, todos olvidarían el suceso. Los indios, quienes al no poseer tierras ni libertad, enfrentaban la muerte como forma de purificación. En tanto, la esposa del gobernante, doña María Dolores, con dificultad se olvidaría del acontecimiento. Su eternidad ganada, su muerte.
La noche vieja
Con broches de oro en el cabello castaño claro, la bella María Dolores Goncálvez de Zapata llamó a Cihuacoatl, hija de Xebke Izxhul, antiguo príncipe xochimilca. El odio que mantenía contra la indígena sería justificado algún día.
-- Espanto de tus propios dioses, quienes me amparan en esta necedad propia de hablarte. Arriesgo a perder el amor de Dios. Sólo él sabe la prueba a la que me expone por bajar mi lengua y decirte que tu negrura de la piel es la enfermedad del alma, y en lugar de mandarte a limpiar la letrina, deberías reposar tu inmundicia en ella. Vivir en ella.
Con lágrimas en caída lenta, permanente, Cihuacoatl, alzó su mirada al cielo y el dolor se detuvo en su garganta y explotó por todas las células posibles.
La ilustre esposa del gobernador no entendía cómo una lacerante india se mostraba altiva y excesivamente hermosa. La obligación de destruirla era su fin, prueba de Dios.
Minutos después ingresó a la gran estancia de muebles de madera de cedro y telas del Medio Oriente, el primogénito de la familia, de nombre Agustín. Cihuacoatl continuó su mirada dirigida al techo del mundo. Agustín subió su visión al horizonte y a la elevada belleza de la indígena, atraído por la delicada inocencia y frescura.
A él no le importaron las clases de Humanidad Moral tomadas durante más de siete años al lado de monseñor Juane de Vicelli en Lusitania, por imposición de Doña María Dolores. En ese instante los ojos serenos y penetrantes de la doncella humillada por su madre, se adueñaron de su voluntad. La cautivadora mujer de dieciséis edades le enseñaría, a partir de ese instante, por siempre, el amor. La opacada María Dolores percibió la actitud de su hijo predilecto. En ese momento, un hálito de luz se incrustó en su mente lapidaria. Tal vez, diría, un pecado perdonado y una actitud de gracia para su heredero, no vendría mal. En cambio, si oponía resistencia, el capricho y el lamento sería fatal. Jamás, la sagaz y bella señora, imaginó el letal veneno de quien ama y saber amar.
-- Qué puede suceder si Agustín se divierte un poco, en sus ratos libres. No está de más --Comentó para sí, en voz interna.
Durante días doña María Dolores no se daría cuenta de su hogar. Dejó que la suciedad se acumulara. La muchacha de las letrinas ocuparía su tiempo de labor en limpiar la inexperiencia de Agustín. El suceso lo comentó con su esposo, a quien expuso el beneficio para su hijo, aprendería sin consecuencias. Esos días, la bienaventurada mujer del gobernador no abandonó el templo de San Juan, en plenitud de confesión. Llegaría el día del aburrimiento y la niña de las letrinas perdería el encanto de la novedad.
Meses después, la mujer santa y religiosa, cuenta se dio de la situación. Esa llama no extinguí, se profesaba a cúspides peligrosas. Pagó diez monedas de oro a Nicanor, un nostálgico poeta que jamás escribió, por llevar a Cihuacoatl a las montañas de las águilas (hoy Ajusco), al descubrir su derrota; sobre todo al mirar el vientre que se expandía como el cosmos.
La mujer pecó de inocencia al confiar en Nicanor, puesto que éste consiguió otras monedas más de Agustín, quien no dejó de pensar en Cihuacoatl.
Con la conciencia tranquila, confesada y comulgada, María dolores se enteraría de su error.
Siete años adelante se escuchaban historias sobre una mujer y cinco infantes en los viejos cerros. Los niños con rasgos mestizos, pero de cultura xochimilca, jugaban en lo alto de la montaña. El mismo Agustín quiso no intervenir en su formación, no tenía derecho ni justicia; su amor oculto por la cautividad natural e inolvidable de Cihuacoatl lo hizo hacer a un lado la cultura impostora de la Corona. No tenía nada decente qué heredar o manifestar, mas que su cobardía, sin pretextos.
Cihuacoatl jamás perdió la sensibilidad de las flores o del cielo y de los ríos. Su vida en la montaña, sitio de justicia y dioses de la naturaleza, en armonía con sus hijos, no desnudaba el odio, sólo su pasión amorosa a quien participó con sus frutos en el nacimiento de sus retoños, siempre en días grises que se llenaron de luz.
Un año más tarde, Agustín se casaría con Isaura del Villar Cifuentes, sobrina tercera en línea paralela del antiguo rey español, Carlos V. La madre quería borrar todo vestigio que entorpeciera la felicidad del hijo, de la suya. Asistió a la propia montaña e indicó a Cihuacoatl que tendría dos días para marcharse junto a sus hijos a tierras distantes. La diosa indígena, ante la mirada furtiva y demoníaca de María Dolores, supo entonces su destino: el exilio, su muerte.
Cinco leguas después, cuatro hombres de limpia conciencia terminarían la vida de la mujer y los cinco pequeños. La esencia de ellos fluyó por canales y lluvias. El agua, los mismos dioses de la inspiración recogieron el hálito supremo de la poesía. El canto de las sirenas penetró por siempre el silencio.
. . . Agustín, el amante perdido, vio en el reflejo de Caltongo la sonrisa diáfana de Cihuacoatl y sus cinco vástagos asesinados por la historia. Su cuerpo se perdió en el aire e incrustó en el agua definitivamente. La palabra melancolía lo impulsó seguirla interminablemente, vagando por infinitas lunas.
Desde entonces, se dice, se rumora, se sueña el sufrimiento de María Dolores, a partir de las dos de la mañana. El llanto de su crueldad; tanta que hasta la tristeza y nostalgia sentían pena extraña por ella. Espejismo de su vanidad miserable al ganar la eternidad.
Desde la profundidad de su alma sin arrepentimiento, el lamento y la tortura vuelan en el vientre secreto de la tierra que jamás dejará su fertilidad fenecer. María Dolores grita al viento y el agua al Universo:
Quiero llorar contigo.
Quiero morir a tu lado.
Ay, ayyyy, de mi hijo.
. . . ayyyy, mis hijos.
Plegaria Secreta I (El Perfume)
Plegaria Secreta II (El Perfume)
El poeta es un Fingidor (Poemas Sagrados)
La tristeza y la melancolía invaden mis recuerdos. Los ataques miserables, senda del terror producido por el poder económico de un país manejado tristemente por la ignorancia.
¡No a la guerra!
Un abrazo para la belleza de la biblioteca de Hoover.
To the blue eyes.
A Benita Hoover, intensidad virginal
Les fleurs du mal Las flores del mal
El Albatros
Suelen, por divertirse, los mozos marineros
Cazar albatros, grandes pájaros de los mares
Que siguen lentamente, indolentes viajeros,
Al barco, que navega sobre abismos y azares.
Apenas los arrojan allí sobre cubierta,
Príncipes del azul, torpes y avergonzados,
El ala grande y blanca aflojan como muerta
Y la dejan, cual remos, caer a sus costados.
¡Qué débil y qué inútil ahora el viajero alado!
Él, antes tan hermoso, ¡qué grotesco en el suelo!
Con su pipa uno de ellos el pico le ha quemado,
Otro imita, renqueando, del inválido el vuelo.
El poeta es igual. . . Allá arriba, en la altura,
¡qué importan flechas, rayos, tempestad desatada!
Desterrado en el mundo, concluyó la aventura:
¡sus alas de gigante no le sirven de nada!
L'Albatros

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers, Qui suivent, indolents compagnons de voyage, Le navire glissant sur les gouffres amers.
A peine les ont-ils déposés sur les planches, Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux, Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches Comme des avirons trainer á coté d'eux.
Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule! Lui, naguére si beau, qu'il est comique et laid! L'un agace son bec avec un brûle-gueule, L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!
Le Poête est semblable au prince des nuées Qui hante la tempête et se rit de l'archer; Exilé sur le sol au milieu des huées, Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.
EL LABERINTO Zeus no podría desatar las redes de piedra que me cercan. He olvidado los hombres que antes fui; sigo el odiado camino de monótonas paredes que es mi destino. Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años. Parapetos que ha agrietado la usura de los días. En el pálido polvo he descifrado rastros que temo. El aire me ha traído en las cóncavas tardes un bramido o el eco de un bramido desolador. Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera..
. . . De cómo Borges ha descubierto a las ninfas.
Soy el que fui en el alba, entre la tribu.
Espectros de animales y terribles gestos
Fealdad del alma. Lo otro, la figura
Torre de Babel.

Diego Rivera

L A C A N D O N I A
G A Z Z E T A L X X X I
LITERATURA EN MOVIMIENTO
POESÍA MALDITA
Les malheureux
El dios Apolo ha desatado la fuerza y la oscuridad.
Es la noche y el azul cristalino
Refleja la estampa y las caricias vertidas,
Ciclones de fuerza y espasmos prolongados
Circundan el lado visible.
En la sombra, no de ella, voz de silencios y sonidos
E hipocresías derrumban la frase elocuente y miran
Sin dilaciones sobre la burda palabra,
Inclemente y mordaz, de nula inteligencia y simuladora arrogancia
Que intenta penetrar con la falsedad más trémula
En el escondite de la verdad.
Esa sombra, distante de la Luna,
Ruge y no surge, no provoca realidades,
Sólo expande su banal deceso de la caricia natural,
La señal de la decencia;
Es . . . lejana de la Luna,
El mundo infesto de Las Miserables.
EL LABERINTO Zeus no podría desatar las redes de piedra que me cercan. He olvidado los hombres que antes fui; sigo el odiado camino de monótonas paredes que es mi destino. Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años. Parapetos que ha agrietado la usura de los días. En el pálido polvo he descifrado rastros que temo. El aire me ha traído en las cóncavas tardes un bramido o el eco de un bramido desolador. Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera..
. . . De cómo Borges ha descubierto a las ninfas.
Soy el que fui en el alba, entre la tribu.
Espectros de animales y terribles gestos
Fealdad del alma. Lo otro, la figura
Torre de Babel.
EDICIÓN: CARLOS CÓRDOBA (Miembro de la SOGEM) 

Partes un verso a la mitad y sangra
LA LITERATURA ES UN ESTADO DE LA CULTURA. LA POESÍA ES UN
ESTADO DE GRACIA, ANTES Y DESPUÉS DE LA CULTURA.
Juan Ramón Jiménez
RESOLUCIÓN RECOMENDADA
800/600 PÍXELES
O
1024/768 PÍXELES
BIENVENIDOS A LA PÁGINA OFICIAL DE LA ZONA NOCTURNA

Carta a un Amigo.
Niño Indígena Chiapaneco
México, D.F., a 20 de febrero del 2001
Querido amigo:
Disculpa que no te llame por tu nombre. A decir verdad no te conozco y tal vez te parezca raro que te llame amigo, ya que nunca hemos estado juntos, pero creo que la amistad florece cuando se comparten los mismos ideales y es regada con las aguas del respeto mutuo y el reconocimiento de lo que nos une por encima de lo que nos hace diferentes.
Por eso, aunque nunca hemos compartido nuestros juegos, ni te haya acompañado en tus momentos tristes, me gustaría que me consideraras tu amigo. El motivo por el cual te escribo es el dolor que me causa el ver la indiferencia con que algunas personas te tratan a ti y a muchos grupos indígenas de México, sin reconocerlos como la fuente donde se nutre nuestra nación. ¡Cómo no reconocer en ti lo más valioso que tengo; mis raíces que me dan fuerza y me distinguen como parte de un país único y diferente a otros del mundo!
Creo, mi querido amigo que existen muchas injusticias en el mundo, pero quizás, una de las más grandes es la que ustedes sufren y que se refleja en la miseria en que viven. Por eso comprendo los motivos de su lucha, porque pienso que toda la gente debería tener los mismos derechos y ser tratada con respeto. Creo que no hay lucha más justa que aquella que busca darle voz a quienes n0o la han tenido. O quizá ha sido callada por la fuerza y la discriminación.
Quiero decirte que no están solos. Hay mucha gente que piensa lo mismo que yo. No están de acuerdo con el trato dado a los indígenas como tú. Esa gente lucha contra la injusticia en muchos rincones de nuestro país al igual que ustedes. Algunos son campesinos, maestros, estudiantes, comerciantes, amas de casa, etc. Y aunque cada uno de estos grupos tienen sus demandas, en el fondo el motivo por el cual luchan es el mismo que tienen ustedes: la justicia, la tolerancia y la igualdad entre todos los mexicanos.
Algo que me entristece cuando veo las noticia en la televisión o leo el periódico, es ver la sangre derramada de los indígenas como tú en sus luchas contra sus propios hermanos mexicanos. Es por esto que te llamo amigo, aunque en ocasiones no pueda comprender porqué algunas personas tienen que sufrir más que otras.
Me gustaría conocer el lugar donde vives, adentrarme en la selva y conocer los montes que recorres. Tengo el deseo de aprender tu lengua y llamarte amigo en tzotzil. También me encantaría enseñarte mi ciudad; llevarte a Chapultepec para que pudieras conocer el zoológico, el Castillo de Chapultepec y el Museo del Niño. Sobre todo me gustaría que pudiéramos caminar por el Zócalo desde donde veríamos el Palacio Nacional y la Catedral.
Creo que nos entenderíamos bien, aunque sé que eres un poco tímido, trataría de darte confianza para que vieras la sinceridad de mi corazón y me enseñaras a jugar lo que juegas con tus amigos. Te presentaría a mis amigos y a mis maestros. Aprender todo lo que tú sabes y enseñarte todo lo que sé. Nadie enseñaq a nadie, todos aprendemos de todos.
Por sobre todas las cosas, me agradaría que te quitaras el pasamontañas (creo que lo usas para no contagiarme la tristeza de tu rostro por todo el dolor que has vivido), y sonriéramos juntos con un gesto que anunciara un mundo nuevo en que la igualdad y la justicia alumbraran como un sol que se alimenta de paz y la fraternidad entre los hombres.
Tu amigo que te quiere
Gustavo Monterrosas Márquez
Srita. Karina Danae Romero Almazán
México, D.F., febrero de 2001.
Querida amiga:
Recibe mis saludos, espero te encuentre bien.
Te escribo estas líneas con la intención de compartir mis reflexiones e inquietudes ante la actual situación, en la cual vivimos. Sobre todo, reflexionar acerca de lo que sucede en estos días, en los que se tratan de resolver fuertes problemas de desigualdad, tanto social como racial: el problema en Chiapas, la situación de la mujer actual; tiempo en que se busca paz, en el que se intenta demostrar que la paz es posible si todos la deseamos a la vez.
Todo esto sucede en fechas tan próximas al Día Internacional de la Mujer, ¿te preguntarás por qué menciona esto? Pues bien, se debe a que en primer plano, me refiero a la marcha zapatista, con la cual se exige se reconozcan los derechos indígenas, pero en particular me ha llamado la atención la posición de la mujer zapatista, quien demanda entre otras cosas, el derecho a la participación política en igualdad de circunstancias que los hombres; el derecho a una vida libre de violencia sexual y doméstica; al derecho a elegir pareja y a decidir el número de hijos que desea tener.
¡¿Por qué?! ¿No es absurdo que, en el umbral del tercer milenio, aún exista esta desigualdad? Pues así es, y esto se debe a que la pobreza y el racismo, además del sistema patriarcal, lesionan profundamente la situación de la mujer; así como la costumbre y la tradición son un arma de legitimación del hombre sobre la mujer, los cuales determinan las desigualdades sociales, la dependencia en el espacio doméstico, la exclusión del poder público y la carencia de decisión propia.
El panorama actual, por un lado, me enorgullece, por la actitud de superación indígena y de toda aquella mujer que aprovecha las oportunidades que se le brindan para su superación, pero por el otro, me entristece la actitud tomada por la mayoría de las mujeres, que teniendo los puertos abiertos desaprovechan las oportunidades de hacer suyo el conocimiento, sin reflexionar acerca de todo el trabajo que, según versa la historia, les costó a nuestras antecesoras; lograr el derecho de educación escolar, el derecho al voto, entre otros logros; que no valoran, pues ignoran el valor de la mujer a través del tiempo.
Hasta aquí mis reflexiones. Me despido optimista, pues espero que se siga un buen camino, tomando todas las actitudes positivas, para lograr la igualdad de la mujer con el hombre y tomar el rumbo que nos conduzca a la paz social por medio del diálogo y denunciando a la violencia.
Atte.
Areli Poblano Palma
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